28 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Reconocidos ante el Padre

«El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles». Apocalipsis 3: 5, NVI

LA EXPRESIÓN «EL QUE SALGA VENCEDOR» pone de manifiesto que hay algo que cada uno de nosotros tiene que vencer. El vencedor será cubierto con el manto de la justicia de Cristo, y se dice de él que «será vestido de blanco, y jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que lo reconoceré delante de mi Padre y de sus ángeles» (Apoc. 3: 5, RVC). ¡Qué inmenso privilegio el de salir vencedor, y que mi nombre sea presentado ante el Padre por el propio Salvador!.— Review and Herald, 9 de julio de 1908.
¡Qué maravillosa seguridad está contenida en esta promesa! ¿Podría acaso ofrecérsenos un aliciente mejor para llegar a ser hijos e hijas de Dios? ¿Quién se ceñirá pues toda la armadura? ¿Quién se alistará bajo el ensangrentado estandarte del Príncipe Emanuel? […]
A todo hijo de Dios que está luchando y resistiendo tentaciones puede llegar la iluminación divina a fin de que no tenga que sucumbir en la lucha contra los poderes de las tinieblas, sino que en cada batalla salga vencedor.— The Youth’s Instructor, 6 de septiembre de 1894.
A los tentados, probados, pero fieles hijos de Dios, se les coloca el manto sin mancha de la justicia de Cristo. […] Sus nombres permanecen en «el libro de la vida del Cordero» (Apoc. 13: 8; 21:27), registrados entre los fieles de todos los tiempos. Han resistido los ataques del engañador; no han sido apartados de su lealtad por el rugido del dragón. Ahora están eternamente seguros de los ataques del tentador. […]
Ese remanente no solamente es perdonado y aceptado, sino ensalzado. Es puesto «un turbante limpio sobre su cabeza» (Zac. 3: 5). «Nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria e imperio para siempre jamás» (Apoc. 1: 6, RVA).
Mientras Satanás estaba insistiendo en sus acusaciones y tratando de destruirlos, los invisibles ángeles santos iban de un lado a otro colocándoles «el sello del Dios vivo» (Apoc. 7: 2). Ellos han de estar sobre el monte de Sion con el Cordero, «que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente» (Apoc. 14: 1).— Testimonios para la. iglesia, t. 5, p. 450.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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