28 de agosto | Devocional: Dios nos cuida | ¡Alabado sea Dios!

De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová, conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel. Isaías 63:7.

Cuando un sentimiento de la benignidad de Dios refrigere constantemente el alma, se reflejará en el rostro mediante una expresión de paz y gozo. Se manifestará en palabras y en obras. Y el generoso Espíritu Santo de Cristo, al obrar sobre el corazón, comunicará a la vida una influencia convertidora sobre los demás.

¿No tenemos razones para hablar de la bondad de Dios y de su poder? Cuando nuestros amigos son bondadosos con nosotros, consideramos que es un privilegio agradecerles por su bondad. ¡Cuánto mayor debería ser nuestro gozo por agradecer al Amigo que nos ha dado todo bien y don perfecto! Cultivemos, pues, en cada iglesia el agradecimiento a Dios. Eduquemos nuestros labios para alabar a Dios en el círculo de la familia… Nuestras dádivas y ofrendas deben declarar nuestra gratitud por los favores que recibimos diariamente. En todo deberíamos revelar el gozo del Señor y dar a conocer el mensaje de la gracia salvadora de Dios.

David declara: “Amo a Jehová, pues ha oido mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días”. Salmos 116:1-2. La bondad de Dios al escuchar y responder nuestras oraciones nos pone bajo la imponente obligación de expresar nuestro agradecimiento por los favores que se nos han concedido. Debemos alabar a Dios mucho más de lo que lo hacemos. Las bendiciones recibidas en respuesta a la oración deberían ser rápidamente reconocidas…

Contristamos al Espíritu de Cristo mediante nuestras quejas y murmuraciones. No debiéramos deshonrar a Dios mediante la fúnebre relación de pruebas que nos parecen opresivas. Todas las pruebas aceptadas como medios para perfeccionar nuestros caracteres producirán regocijo. Toda la vida religiosa será elevadora, ennoblecedora, y poseerá la fragancia de las palabras buenas y las buenas obras.

Reine la paz de Dios en vuestra alma. Entonces tendréis fuerzas para soportar todos los sufrimientos, y os gozaréis en el hecho de que poseéis gracia para resistir. Alabad al Señor; proclamad su bondad; hablad de su poder. Dulcificad la atmósfera que rodea vuestra alma… Alabad con alma, voz y corazón al que sostiene vuestra vida, vuestro Salvador y vuestro Dios.

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DEVOCIONAL: DIOS NOS CUIDA

Elena G. de White

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