28 de abril | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Que seamos colaboradores de Dios

Porque nosotros somos colaboradores de Dios. 1 Corintios 3:9.

Dios honrará y elevará a todo corazón leal, a toda alma ferviente que está tratando de caminar ante él en la perfección de la gracia de Cristo. Nunca abandonará a un alma humilde y temblorosa. ¿Creeremos que obrará en nuestro corazón? ¿Creeremos que si se lo permitimos, nos hará puros y santos, y mediante su rica gracia nos habilitará para ser obreros juntamente con él? ¿Podremos apreciar, con percepción aguda y santificada, la fortaleza de sus promesas, y podremos apropiarnos de ellas, no porque somos dignos, sino porque mediante una fe viviente pedimos la justicia de Cristo?—Hijos e Hijas de Dios, 194.

Cuando en lo antiguo Dios daba luz a su pueblo, no obraba exclusivamente por una sola categoría de individuos. Daniel era príncipe de Judá. Isaías era también de estirpe real. David y Amós eran pastores de ganado; Zacarías era un cautivo vuelto de Babilonia; Eliseo era labrador. El Señor suscitaba como representantes suyos a profetas y príncipes, nobles y plebeyos, y les enseñaba las verdades que debían transmitir al mundo. A todo aquel que llega a ser partícipe de su gracia, el Señor le señala una obra que hacer en favor de los demás…

Cultiven todos sus facultades físicas y mentales en cuanto les sea posible, para trabajar por Dios doquiera su providencia los llame. La misma gracia que de Cristo descendió sobre Pablo y Apolos, y que los hizo notables por sus cualidades espirituales será comunicada hoy a los misioneros cristianos abnegados. Dios quiere que sus hijos tengan inteligencia y conocimiento, para que con inequívoca claridad y gran poder se manifieste su gloria en nuestro mundo…

Hombres faltos de educación escolar y de humilde situación social, han obtenido, mediante la gracia de Cristo, admirable éxito en la obra de ganar almas para él. El secreto de ese éxito era la confianza que tenían en Dios. Aprendían cada día de Aquel que es admirable en consejo y poderoso en fortaleza.—El Ministerio de Curación, 106-109.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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