27 de septiembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Herederos de la inmortalidad

Para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Tito 3:7.

Cada petición ferviente por gracia y fortaleza será contestada… Pedid a Dios todas esas cosas que no podéis hacer solos. Contadle todo a Jesús. Exponed abiertamente ante él los secretos de vuestro corazón; porque su ojo escudriña los recintos más íntimos del alma y lee vuestros pensamientos como si fueran un libro abierto. Cuando hayáis pedido lo que sea necesario para el bien de vuestra alma, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Aceptad sus dones de todo corazón; porque Jesús murió para que vosotros pudierais poseer los tesoros del cielo.—Meditaciones Matinales, 16.
Los jóvenes no deben suponer que pueden seguir viviendo vidas descuidadas y caprichosas, sin procurar preparación alguna para el reino de Dios, y no obstante permanecer firmes por la verdad en tiempo de prueba. Es necesario que traten fervorosamente de lograr en su vida la perfección que revela la vida del Salvador, de manera que cuando Cristo venga, estén preparados para entrar por las puertas de la ciudad de Dios. El amor abundante y la presencia de Dios en el corazón nos proporcionarán la facultad del dominio propio y modelarán la mente y el carácter. La gracia de Cristo dentro de nuestra vida dirigirá los ideales, propósitos y talentos hacia conductos que nos proporcionarán poder moral y espiritual: poder éste que los jóvenes no tendrán que dejar en este mundo, sino que llevarán consigo al entrar en la vida futura, y retendrán en el transcurso de los siglos eternos.—Ibid. 72.
Todo el cielo está interesado en los hombres y las mujeres a quienes Dios ha valorado hasta el extremo de entregar a su amado Hijo para que muriera a fin de redimirlos. Ninguna otra criatura que Dios haya hecho es capaz de alcanzar tal perfección, tal refinamiento y tanta nobleza como el hombre. Pero cuando los hombres se embotan por causa de sus pasiones degradantes, y se hunden en el vicio, ¡qué ejemplar contempla Dios! El hombre no logra formarse una idea de lo que podría ser y hasta dónde podría llegar. Mediante la gracia de Cristo es capaz de constante progreso mental.—In Heavenly Places, 195.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS
Elena G. de White

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