27 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Un lugar de refugio

No olvidéis la hospitalidad, porque por ésta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Hebreos 13:2.

“Estamos en un mundo de pecado y tentación; en todo nuestro redor hay almas que perecen sin Cristo; y Dios quiere que trabajemos por ellas de toda manera posible. Si tenemos un hogar agradable, invitemos a los jóvenes que no tienen hogar, los que necesitan ayuda, que anhelan simpatía, palabras bondadosas, respeto y cortesía.”—Joyas de los Testimonios 2:574.
“Nuestros hogares deberían ser refugios para los jóvenes que sufren tentación. Muchos hay que se encuentran en la encrucijada de los caminos. Toda influencia, toda impresión, determinan la elección del rumbo de su suerte en esta vida y en la por venir. El mal los asedia…. En torno nuestro hay jóvenes sin familia o cuyos hogares no tienen para ellos poder protector ni ennoblecedor y se ven arrastrados al mal…. Estos jóvenes necesitan que se les tienda una mano simpática…. Si quisiéramos dar prueba de algún interés por la juventud, invitarla a nuestras casas, y rodearla de influencias alentadoras y provechosas, muchos habría que de buena gana dirigirían sus pasos camino arriba.”—El Ministerio de Curación, 332, 333.
“Al abrir vuestra puerta a los menesterosos y dolientes hijos de Cristo, estáis dando la bienvenida a ángeles invisibles. Invitáis la compañía de los seres celestiales…. Vienen con alabanzas en los labios y una nota de respuesta se oye en el cielo. Cada hecho de misericordia produce música allí.”—El Deseado de Todas las Gentes, 578.
“La atmósfera de un hogar verdaderamente cristiano es de paz y descanso. Un ejemplo tal no quedará sin fruto.”—The Adventist Home, 450.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de WhiteA

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