27 de octubre | Devocional: Exaltad a Jesús | Siempre hubo testigos en la iglesia

Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego. Deuteronomio 5:4.

Dios nunca ha dejado a su iglesia sin testimonio. En todas las escenas de prueba, de oposición y persecución, en medio de las tinieblas morales por las cuales ha pasado la iglesia, él ha tenido hombres para cada ocasión, que han estado preparados para asumir su obra en diferentes etapas y hacerla avanzar hacia adelante y hacia arriba. Por medio de los patriarcas y los profetas reveló la verdad a su pueblo. Cristo era el Maestro de su pueblo de antaño tan ciertamente como lo fue cuando vino al mundo, vestido con los atavíos de la humanidad. Escondiendo su gloria tras la forma humana, a menudo apareció a su pueblo y habló con sus hijos “cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”. El, su invisible Caudillo, estaba envuelto en la columna de fuego y de nube y hablaba a su pueblo por medio de Moisés. La voz de Dios se escuchó por medio de los profetas que designó para una obra especial y para proclamar un mensaje especial. Los envió a repetir las mismas palabras una y otra vez. Tenía un mensaje preparado para ellos que no era según los caminos y la voluntad de los hombres, y lo puso en sus bocas e hizo que lo proclamaran. Les aseguró que el Espíritu Santo les daría palabras para que hablasen. Aquel que conocía el corazón les daría palabras con las cuales alcanzar a la gente…

Nunca llegará el tiempo, en la historia de la iglesia, cuando el obrero de Dios pueda cruzarse de brazos y estarse cómodo, diciendo: “Todo es paz y seguridad”. Entonces sobreviene destrucción repentina. Todas las cosas pueden estar avanzando en medio de una prosperidad aparente; pero Satanás está siempre alerta y estudia y consulta con sus ángeles malos otra forma de ataque por la cual pueda tener éxito. El conflicto aumentará en intensidad por parte de Satanás, porque está movido por un poder de abajo. A medida que la obra del pueblo de Dios avance con energía santificada e irresistible, implantando el estandarte de la justicia de Cristo en la iglesia, movida por un poder que procede del trono de Dios, el gran conflicto aumentará en intensidad y será cada vez más decidido. Una mente se opondrá a otra mente, unos planes a otros planes, los principios de origen celestial a los principios de Satanás. La verdad en sus diferentes aspectos estará en conflicto con el error en sus formas siempre cambiantes y crecientes mediante las que, si fuere posible, se engañará a los mismos escogidos.

Nuestra obra debe ser ferviente. No hemos de luchar como quien hiere al aire. El ministerio, el púlpito y la prensa demandan hombres como Caleb, que actúen y sean valientes, hombres que tengan agudeza para distinguir la verdad del error, cuyos oídos estén consagrados para escuchar las palabras del Vigilante fiel.—Testimonios para los Ministros, 404, 407.

El mundo necesita evidencias de sincero cristianismo.—Ibid. 416.

DEVOCIONAL: EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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