27 de marzo del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Miedo, culpa y vergüenza

Pero Dios el Señor llamó al hombre y dijo: ‘‘¿Dónde estás?” (Génesis 3: 9)

Después de la desobediencia, Adán y Eva imaginaron que alcanzarían una condición más elevada de existencia. Ahora, frente al recuerdo de su pecado, estaban llenos de terror. Nunca se habían asustado con la voz de Dios.
Ahora experimentaban una intuición del pecado, un terror por el futuro, una desnudez del alma. Sin la vestidura de luz que los había rodeado, se sintieron desnudos, avergonzados, expuestos y vulnerables. Entonces, buscaron vestirse.
Sentimientos hasta entonces desconocidos los sorprendían. Algo nuevo y de consecuencias terribles había marcado la diferencia. Dios, cuyas visitas eran antes tan estimadas, les pareció una amenaza.
Miedo, culpa y vergüenza: la pareja ahora percibía claramente el verdadero carácter del pecado. Más allá de la autoculpa, Adán censuró a Eva por haberse separado de él y por dejarse engañar por la serpiente. Satanás aplaudía.
Hizo que Eva desconfiara del amor de Dios, dudara de su sabiduría y que transgrediera su ley, ocasionando la derrota de Adán.
Miedo, culpa y vergüenza: aún hoy Satanás tienta a los hijos de Dios. Entonces, los oprime y los hace rehenes de esos sentimientos.
Usa a los incrédulos para que difundan la idea de que el miedo, la culpa y la vergüenza son frutos de una convención, y no del pecado. Usa nuestra naturaleza caída para distorsionar los hechos y para que quedemos presos de las culpas, los miedos y las vergüenzas; o sea, sentimientos ilegítimos. También usa al cristianismo distorsionado que muestra a un Dios punitivo, siempre listo para dar golpes a los hijos desobedientes.
Vagando de un extremo a otro, desesperadas por el dolor del alma, muchas personas sucumben en completa incredulidad: apartándose y escondiéndose; o culpando a alguien por su situación; o buscando, en vano, remedios, la solución.
El pecado trajo consecuencias nefastas, pero la gracia abundante y escandalosa de Dios es mayor que el miedo, que la culpa y que la vergüenza.
¿Te sientes oprimida por esos sentimientos? Si son consecuencia de lo que hiciste separada de Dios, ¿reconoces que lo desagradaste? Entonces, aprópiate del perdón divino. Todo el dolor que puedas estar sintiendo, ¡el Hijo de Dios ya lo sintió mucho más que tú! Acepta la gracia maravillosa que te purifica de todo pecado y es capaz de aliviarte de cualquier miedo, culpa y vergüenza. El Espíritu Santo te inundará de paz, coraje y alivio.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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