27 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Fortalezcamos nuestra fe

«Cuando se lapidan, asegúrense de que su fe sea solamente en Dios, y no duden, porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro». Santiago 1: 6, NTV

LA FE… SE EXTIENDE PARA aferrarse de la mano de Cristo, sabiendo que él puede sostener más firmemente de lo que es capaz la mano humana, y sabiendo que la suya nunca nos soltará. Mientras el instrumento humano esté dispuesto a ser guiado, Cristo lo conducirá. […]

La fe es la corriente vital que mantiene la vida espiritual. La fe proporciona calor, salud, estabilidad y buen juicio. Su fuerza y su vigor ejercen una influencia poderosa aunque inconsciente. La vida de Cristo para cada uno «se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4: 14, LPH); la cual nos conducirá a un constante cultivo de las gracias divinas y a una voluntaria sumisión en todo al Señor, que nos capacita para revelar que Cristo mora en nosotros. […]

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que nó se ve» (Heb. 11: 1). ¿No hemos comprobado esto en el pasado al avanzar por fe para alcanzar lo que ahora vemos? […] La fe no consiste solamente en mirar hacia adelante, a lo que no se ve; se confirma contemplando la experiencia pasada, los resultados tangibles, la verificación de la Palabra de Dios. […] Nuestro ruego ha de ser el de «los apóstoles al Señor: “¡Auméntanos la fe!”» (Luc. 17: 5). La fe agudiza nuestra percepción y nos hace actuar diligentemente para producir resultados. La fe eleva y ennoblece nuestras facultades, capacitándonos para aferrarse de lo invisible. […]

A veces el Señor permite dificultades en las actividades seculares para sacudir nuestras facultades adormecidas y llevarlas a una mayor acción, a fin de que él pueda honrar nuestra fe otorgándonos ricas bendiciones. Este es uno de los medios de hacer avanzar su obra. Ahora bien, los que no tienen fe nunca aprenderán, y debido a su incredulidad deshonran a su Señor. A menos que se conviertan, naufragarán. Se interponen en el camino del progreso, y esto el Señor no lo tolerará. El desea que su pueblo, aun en la sombra más oscura, confíe en él.

Se le permite a Satanás arrojar su sombra a través del sendero de los que tienen la fe adormecida a fin de que sea despertada y puedan ver más allá de las tinieblas y encontrar luz, valor y vida. […]

Contemplando a Jesús, no solamente como nuestro ejemplo sino como «el autor y consumador de nuestra fe» (Heb. 12: 2), sigamos adelante, confiando en que él suplirá con su poder todo lo que necesitamos para cumplir cada deber. Se nos ofrece la vida eterna. Hagamos todo lo que está de nuestra parte para alcanzarla.— Manuscrito 18, 27 de febrero de 1901, «Colportando con Palabras de vida del gran maestro», adaptado.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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