27 de enero | Devocional: Alza tus ojos |  Nuestro benévolo Dios

«El Señor pasó delante de él proclamando: “¡El Señor! ¡El Señor! ¡Dios compasivo y benévolo, lento en airarse y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la desobediencia, la rebeldía y los pecados, aunque no los deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos, en los biznietos y en los tataranietos”». Exodo 34: 6-7, LPH

CUÁN AGRADECIDOS debiéramos sentimos de que el Señor sea «tardo para la ira» (Éxo. 34: 6)! ¡Qué maravilloso pensamiento el de que Dios se haya impuesto a sí mismo un límite a su gran poder! Pero debido a que el Señor es paciente e infinitamente bondadoso, a menudo el corazón humano manifiesta la tendencia a aventurarse presuntuosamente en el pecado. […] «Si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo» (Ecle. 8: 11). En vez de endurecer al pecador en una transgresión continua, la paciencia debiera inducimos a buscar el perdón de Dios a fin de que las anotaciones que testifican en contra de nosotros en nuestra cuenta del registro celestial, puedan ser canceladas. […]

Satanás es el originador del mal. Se apartó de la lealtad a Dios. Los que persistieron en apoyarlo en su descontento fueron expulsados del cielo juntamente con él. La mente de Satanás está llena de implacable odio contra la Divinidad. Usa persistentemente su Influencia para borrar la imagen de Dios en la familia humana y estampar, en cambio, mi propia diabólica imagen. Su esfuerzo para engañar a nuestros primeros padres tuvo éxito. Hecha a imagen de Dios, la familia humana perdió su inocencia, se transformó en transgresora y, como súbdita desleal inició un camino descendente. Satanás llegó a dominar la facultad de decidir y actuar que tiene todo ser humano; ya que a través de los sentidos influyó en la mente.

Así ha ocurrido desde el principio. En vez de permanecer bajo la influencia de Dios, a fin de reflejar la imagen moral de su Creador, el ser humano se colocó bajo el control de la influencia satánica y se volvió egoísta. De esta manera el pecado llegó a ser un mal universal. ¡Y qué espantoso mal es el pecado!

Por ceder a las insinuaciones de Satanás nuestros primeros padres abrieron las puertas del mal al mundo. Los principios objetables de los padres de la raza humana influyeron sobre algunos de aquellos con los cuales se relacionaron. El mal que comenzó en el Edén se extendió a través de las edades. Aunque Adán y Eva narraron con tristeza a sus hijos la dolorosa historia de la caída, la suya llegó a ser una familia dividida. Caín eligió servir a Satanás, Abel escogió servir a Dios; y Caín mató a Abel porque no quiso seguir su mal ejemplo.

A fin de que el mundo no fuera destruido debido a su contaminación moral, Dios se empeñó en la gran obra de la salvación enviando a su Hijo a esta tierra para redimir a la humanidad.— Manuscrito 55, 27 de enero de 1901, «La longanimidad de Dios».

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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