27 de agosto | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Representantes de Cristo

Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí. Isaías 43:10.

Hombres y mujeres pueden vivir la vida que Cristo vivió en este mundo si se revisten de su poder y siguen sus instrucciones. Pueden recibir, en su lucha con Satanás, todos los socorros que Cristo mismo recibió…

La vida de los que profesan ser cristianos sin vivir la vida de Cristo, es una burla para la religión. Cualquiera que esté inscripto en los registros de la iglesia tiene el deber de representar al Salvador llevando el adorno interior de un espíritu manso y apacible. Debe ser su testigo y hacer conocer las ventajas que hay en vivir y trabajar conforme al ejemplo de Cristo. La verdad presente debe manifestar su potencia en la vida de aquellos que creen en ella, para que de este modo se comunique al mundo. Los creyentes deben representar en su vida su eficacia santificadora y ennoblecedora… Debe demostrarse en ellos el poder de la gracia que Cristo quiso impartirnos por su muerte… Deben ser hombres de fe, llenos de valor, íntegros, que pongan toda su confianza en Dios y en sus promesas…

Nada simulado debe haber en la vida de los que tienen que proclamar un mensaje tan solemne y sagrado. Enterado el mundo de la profesión de fe y altas normas de los adventistas del séptimo día, los está vigilando, y si comprueba que su vida no se amolda a su profesión de fe, los señala con desprecio.

Los que aman a Jesús pondrán su vida entera en armonía con la voluntad de él… La gracia de Dios los capacita para mantener intactos sus principios. Ángeles santos están a su lado, y revelan a Cristo por su firme adhesión a la verdad. Son los milicianos de Cristo, y, como buenos testigos, hablan con fuerza y firmeza en favor de la verdad. Demuestran la realidad de la potencia espiritual que hace a hombres y mujeres capaces de no sacrificar nada de la justicia y de la verdad, por mucho que el mundo quiera ofrecerles en cambio. El Cielo honrará a tales cristianos, porque conformaron su vida a la voluntad de Dios, sin fijarse en los sacrificios que les tocaba hacer.—Joyas de los Testimonios 3:291, 292.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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