26 de Octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Seremos hijos de Dios

«Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios». Mateo 5: 9, BA

CRISTO ES EL «PRINCIPE DE PAZ» (Isa. 9: 6), y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Rom. 5: 1). Todo el que consienta en renunciar al pecado y abrir su corazón al amor de Cristo participará de esa paz celestial.
No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua las luchas, y llena de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá qué es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su mente albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo. […]
«Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mat. 5: 9, NVI). Quienes manifiestan paz dan evidencia de su relación con el cielo. El perfume de Cristo los envuelve. La fragancia de la vida y la belleza del carácter revelan al mundo que son hijos de Dios. Sus semejantes reconocen que han estado con Jesús. «Todo aquel que ama es nacido de Dios». «Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él», pero «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios» (1 Juan 4: 7; Rom. 8: 9, 14).— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 50-51.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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