26 de octubre | Devocional: Conflicto y Valor | Una ofrenda de amor

Mateo 26:3-13; Juan 12:1-8.

Esta ha hecho lo que podía. Marcos 14:8.

Simón de Betania era considerado discípulo de Jesús. Era uno de los pocos fariseos que se habían unido abiertamente a los seguidores de Cristo. Reconocía a Jesús como maestro y esperaba que fuese el Mesías, pero no le había aceptado como Salvador. Su carácter no había sido transformado; sus principios no habían cambiado.

Simón había sido sanado de la lepra, y era esto lo que le había atraído a Jesús. Deseaba manifestar su gratitud, y en ocasión de la última visita de Cristo a Betania ofreció un festín al Salvador y a sus discípulos… A un lado del Salvador, estaba sentado a la mesa Simón… y al otro lado Lázaro… Marta servía, pero María escuchaba fervientemente cada palabra que salía de los labios de Jesús. En su misericordia, Jesús había perdonado sus pecados, había llamado de la tumba a su amado hermano, y el corazón de María estaba lleno de gratitud. Ella había oído hablar a Jesús de su próxima muerte, y en su profundo amor y tristeza había anhelado honrarle. A costa de gran sacrificio personal, había adquirido un vaso de alabastro de “nardo líquido de mucho precio” para ungir su cuerpo. Pero muchos declaraban que él estaba a punto de ser coronado rey. Su pena se convirtió en gozo y ansiaba ser la primera en honrar a su Señor. Quebrando el vaso de ungüento, derramó su contenido sobre la cabeza y los pies de Jesús, y llorando postrada le humedecía los pies con sus lágrimas y se los secaba con su larga y flotante cabellera…

Judas consideró este acto con gran disgusto… Preguntó: “¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dio a los pobres? …”. El murmullo circuyó la mesa: “¿Por qué se pierde esto? …”. María oyó las palabras de crítica… Estaba por ausentarse sin ser elogiada ni excusada, cuando oyó la voz de su Señor: “Dejadla; ¿por qué la fatigáis?” … Elevando su voz por encima del murmullo de censura, dijo: “Buena obra me ha hecho; que siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podréis hacer bien; mas a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura”. El Deseado de Todas las Gentes, 511-514.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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