26 de noviembre | Devocional: Alza tus ojos | Mientras se purifica el santuario

Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Isaías 43:10.

Satanás está tentando constantemente a los hombres para desviarlos de la fidelidad y de la consumación de las obras esenciales de preparación para el gran evento que probará el alma de cada hombre. La obra en el Santuario celestial está avanzado. Jesús está purificando el Santuario. La obra en la tierra corresponde con la obra en el cielo. Los ángeles celestiales están trabajando constantemente para llamar la atención del hombre, el instrumento viviente, hacia la contemplación y la meditación en Jesús, para que mirando la perfección de Cristo sean impresionados por las imperfecciones de sus propios caracteres. Cristo… declaró que el Consolador prometido “testificará de mí”. Esta es la carga del mensaje para este tiempo…

Hablen como Cristo habló. Trabajen como Cristo trabajó. Debemos mirar a Cristo y vivir. Al contemplar su hermosura, desearemos practicar sus virtudes y su justicia. Contemplando a Cristo somos transformados a su imagen, y renunciando a nosotros mismos al dar nuestros corazones completamente a Jesús para que su espíritu nos refine, ennoblezca y eleve, estaremos en comunión íntima con el mundo futuro, bañados por los rayos brillantes del Sol de Justicia. Nos alegramos con gozo inefable y glorioso. Entonces se nos encomienda que vayamos a otras ciudades y pueblos a llevar las buenas nuevas con los corazones encendidos del amor divino, aun a los que están lejos, a todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios llame.

Comuniquemos a otros las benditas verdades de su Palabra, y obedeciendo las palabras de Cristo, permanezcamos en su amor. El nos insta a que por el amor que le tenemos guardemos sus mandamientos. Lo hace, no para impulsarnos a hacer cosas imposibles, sino porque sabe lo que significa guardar los mandamientos de su Padre. Quiere que cada alma que escuche su invitación, invite a otros a escucharla, y a recibir sus preciosos dones, porque sabe que al guardar los mandamientos de Dios, no caeremos en servil esclavitud, sino que seremos hechos libres por medio de la sangre de Jesucristo. “En guardarlos [sus mandamientos] hay grande galardón”. Salmos 19:11.

Dígalo a otros con la pluma y la voz, con piedad, humildad, y amor, representando el carácter de Cristo. “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. Apocalipsis 22:17.—Manuscrito 48, del 26 de noviembre de 1890, “Reflexiones acerca de la obra de Brooklyn”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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