26 de marzo | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Una experiencia sagrada

Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes del mundo. Salmos 33:8.

Los santos ángeles se han disgustado debido a la forma irreverente en que muchos han usado el nombre de Dios, el gran Jehová. Los ángeles mencionan el sagrado nombre con la mayor reverencia, velando siempre sus rostros cuando pronuncian el nombre de Dios; y el nombre de Cristo es tan sagrado para ellos que lo repiten con la más grande de las reverencias.— Testimonies for the Church 1:410.

La verdadera reverencia hacia Dios nos es inspirada por un sentido de su infinita grandeza y un reconocimiento de su presencia. Este sentido del Invisible debe impresionar profundamente todo corazón. La presencia de Dios hace que tanto el lugar como la hora de la oración sean sagrados. Y al manifestar reverencia por nuestra actitud y conducta, se profundiza en nosotros el sentimiento que la inspira. “Santo y temible es su nombre” (Salmos 111:9, VM), declara el salmista.—La Historia de Profetas y Reyes, 34.

Convendría tanto a los jóvenes como a los viejos estudiar, meditar y a menudo repetir aquellas palabras de la Santa Escritura que muestran cómo debería considerarse el lugar señalado por la presencia especial de Dios. “Quita el calzado de tus pies—ordenó Dios a Moisés junto a la zarza ardiente—; porque el lugar en que estás, tierra santa es”. Éxodo 3:5. Jacob, después de contemplar la visión de los ángeles, exclamó: “Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía… No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo”. Génesis 28:16, 17. “Jehová empero está en su santo templo: guarde silencio delante de él toda la tierra”. Habacuc 2:20.

“Porque Jehová es Dios grande

y Rey grande sobre todos los dioses…

¡Venid, postrémonos, y encorvémonos;

arrodillémonos ante Jehová nuestro Hacedor!”

“El nos hizo, y nosotros somos suyos, su pueblo y las ovejas de su dehesa.

¡Entrad en sus puertas con acciones de gracias, y en sus atrios con alabanza!

¡Dadle gracias y bendecid su nombre!” Salmos 95:3, 6;

100:3, 4.—La Educación, 237, 238.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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