26 de marzo | Devocional: La fe por la cual vivo | Cómo se hace perfecta la fe

Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Santiago 2:17.

“La extirpación del pecado es un acto del alma. En su gran necesidad el alma clama por un poder que no posee en sí misma y que viene de lo alto; y por medio de la operación del Espíritu Santo, las facultades superiores de la mente quedan imbuidas de fortaleza para librarse de la esclavitud del pecado.

“Cuando el hombre se rinde a Cristo, la mente se somete al dominio de la ley, pero ésta es la ley real que proclama la libertad a cada cautivo. Únicamente llegando a ser uno con Cristo puede el hombre libertarse. La sujeción a la voluntad de Cristo, significa restauración de la perfecta virilidad. El pecado puede triunfar únicamente … destruyendo la libertad del alma.

“¿Os dais cuenta de vuestra pecaminosidad? ¿Despreciáis el pecado? Recordad entonces que la justicia de Cristo es vuestra si sólo queréis asirla. ¿No veis cuán fuerte fundamento colocáis debajo de vuestros pies cuando aceptáis a Cristo? Dios ha aceptado la ofrenda de su Hijo como una completa expiación para los pecados del mundo.”—The Youth’s Instructor, 20 de septiembre de 1900.

“La verdadera fe, que descansa plenamente en Cristo, se manifestará mediante la obediencia a todos los requerimientos de Dios. Desde los días de Adán hasta el presente, el motivo del gran conflicto ha sido la obediencia a la ley de Dios. En todo tiempo hubo individuos que pretendían el favor de Dios, aun cuando menospreciaban algunos de sus mandamientos. Pero las Escrituras declaran ‘que la fe fue perfecta por las obras,’ y que sin las obras de la obediencia, la fe ‘es muerta.’”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 61.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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