26 de junio | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Digno es el cordero

El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Apocalipsis 5:12.

No merecemos el amor de Dios, pero Cristo, nuestro fiador, es sobremanera digno y capaz de salvar a todos los que vengan a él.—El Discurso Maestro de Jesucristo, 14, 15.

Cristo se deleita en tomar material aparentemente sin esperanza, a aquellos a quienes Satanás ha sumido en la abyección y por medio de quienes ha trabajado, para hacer de ellos los súbditos de su gracia. Se regocija en librarlos del sufrimiento y de la ira que sobrevendrá a los desobedientes.— Testimonies for the Church 6:308, 309.

Si el enemigo logra que los abatidos aparten sus ojos de Jesús, se miren a sí mismos y fijen sus pensamientos en su indignidad en vez de fijarlos en los méritos, el amor y la compasión de Jesús, los despojará del escudo de la fe, logrará su objeto, y ellos quedarán expuestos a violentas tentaciones. Por lo tanto, los débiles han de volver los ojos hacia Jesús y creer en él. Entonces ejercitarán la fe.—Primeros Escritos, 73.

El Hijo de Dios dio todo para nuestra redención: la vida, el amor y los sufrimientos. ¿Y es posible que nosotros, seres indignos de tan grande amor, rehusemos entregarle nuestro corazón? Cada momento de nuestra vida hemos sido participantes de las bendiciones de su gracia, y por esta misma razón no podemos comprender plenamente las profundidades de la ignorancia y la miseria de que hemos sido salvados.—El Camino a Cristo, 46.

Muchos cometen un grave error en su vida religiosa al mantener la atención fija en sus sentimientos para juzgar si progresan o si declinan. Los sentimientos no son un criterio seguro. No hemos de buscar en nuestro interior la evidencia de nuestra aceptación por Dios. No encontraremos allí otra cosa que motivos de desaliento. Nuestra única esperanza consiste en mirar a Jesús, “autor y consumador de nuestra fe”. Hebreos 12:2 (VM). En él está todo lo que puede inspirarnos esperanza, fe y valor. Él es nuestra justicia, nuestro consuelo y regocijo.—Joyas de los Testimonios 2:59.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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