26 de febrero 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | Una promesa vigente

“Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien” (Romanos 8:28).

CUANDO ELENA G. DE WHITE ya había enviudado, fue a servir a Dios y a la iglesia a la lejana Australia. Esto sucedió a fines del siglo XIX, cuando ese país no era la próspera nación que hoy es, y cuando no había aviones para viajar hasta para allá, de manera rápida, desde América.

En Australia, Elena sufrió durante once meses fiebre palúdica y reumatismo inflamatorio. Pasó por el mayor sufrimiento de su vida. No podía levantar los pies sin sufrir espantosos dolores. La única parte de su cuerpo libre de dolor era el brazo derecho, del codo para abajo. Las caderas y la espina dorsal le dolían constantemente. No podía estar acostada más de dos horas. Se arrastraba a una cama similar para cambiar de posición. Así pasaban las noches. Los médicos le dijeron que nunca volvería a caminar.

Al principio de su sufrimiento e invalidez sintió que no podía soportarlo, pero no mucho tiempo después pudo entender que la aflicción era parte del plan de Dios. Recordó que el Señor nunca le había fallado. Entonces oró fervientemente y notó cuán dulce es el consuelo que hay en las promesas de Dios.

¿Cómo pudo sobrellevar todo?

“Mi Salvador parecía estar muy cerca de mí. Sentía su sagrada presencia en mi corazón y estaba agradecida por ello. Aquellos meses de sufrimiento fueron los más felices de mi vida, debido al compañerismo de mi Salvador. Él era la esperanza y corona de mi regocijo. Estoy muy agradecida de que tuve esta experiencia porque conozco mejor a mi precioso Señor y Salvador” (Mensajera del Señor, p. 65).

Elena sufrió mucho en su vida. Sin embargo, fue extraordinariamente activa y productiva, y de su sufrimiento provino una filosofía del sufrimiento que ha sido un firme y sólido apoyo para millones. Su libro El ministerio de curación, además de centenares de cartas, jamás podrían haber sido escritos, con la gran capacidad de impacto que poseen, sin que la propia experiencia de la autora proveyera el marco humano para los principios divinos básicos sobre tan trascendental asunto.

Muchos cobraban ánimo al ver su alegría y firme resolución bajo intensa adversidad. Los años vividos en Australia fueron los más productivos: ayudó a establecer un sólido programa educativo y evangelizador, y escribió El Deseado de todas las gentes, además de miles de oportunas misivas. Sus 87 años, sus escritos y ministerio demuestran que con el Señor podemos vencer. Su último escrito también rebosaba de esperanza y gozo cristiano.

Para Pablo, para Elena y para cada uno de nosotros, la promesa sigue vigente:

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Rom. 8:28, NTV).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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