26 de diciembre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Infinidad de mundos por visitar

Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé. Isaías 45:12.

Muchos parecen tener la idea de que este mundo y las mansiones celestiales constituyen el universo de Dios. No es así.— Comentario Bíblico Adventista 7:1001.
Dios tiene infinidad de mundos que obedecen su ley. Esos mundos son gobernados teniendo en cuenta la gloria del Creador.
Cuando los habitantes de esos mundos consideran el elevado precio que se pagó para salvar al hombre, se llenan de asombro.—The Review and Herald, 25 de septiembre de 1900.
El Señor me mostró en visión otros mundos. Me fueron dadas alas y un ángel me acompañó desde la ciudad a un lugar brillante y glorioso. La hierba era de un verde vivo y las aves gorjeaban un dulce canto. Los moradores de aquel lugar eran de todas estaturas; eran nobles, majestuosos y hermosos..
Pregunté a uno de ellos por qué eran mucho más bellos que los habitantes de la tierra, y me respondió: “Hemos vivido en estricta obediencia a los mandamientos de Dios, y no incurrimos en desobediencia como los habitantes de la tierra”. Después vi dos árboles, uno de los cuales se parecía mucho al árbol de la vida de la ciudad. El fruto de ambos era hermoso, pero no debían comer de uno de ellos. Hubieran podido comer de los dos, pero les estaba vedado comer de uno. Entonces el ángel que me acompañaba me dijo: “Nadie ha probado aquí la fruta del árbol prohibido, y si de ella comieran, caerían”.
Después me transportaron a un mundo que tenía siete lunas; donde vi al anciano Enoc, que había sido trasladado… Le pregunté si aquel era el lugar adonde lo habían transportado desde la tierra. Él me respondió: “No es éste. Mi morada es la ciudad, y he venido a visitar este sitio”. Andaba por allí como si estuviese en su casa.
Supliqué a mi ángel acompañante que me dejara permanecer allí. No podía sufrir el pensamiento de volver a este tenebroso mundo. El ángel me dijo entonces: “Debes volver, y si eres fiel, tendrás, con los 144.000, el privilegio de visitar todos los mundos, y ver la obra de las manos de Dios”.—Primeros Escritos, 39.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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