25 de noviembre | Devocional: Alza tus ojos | Use los talentos confiados

Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Mateo 25:29.

Hermano, no cuestione la sabia providencia de Dios, porque Dios ha dicho que perfeccionará la fuerza de El en la debilidad de Ud. Mantenga siempre un corazón humilde, contrito, y así permitirá que Dios manifieste su amor y gracia por medio del instrumento frágil. No desperdicie ni un momento en lamentar las oportunidades que nunca tuvo.

Ud. ha pensado muchas veces: “Si hubiera tenido otra posición en la vida, y las ventajas que muchos otros tienen, podría haber tenido un mayor capital que invertir para el Señor”. El Señor sabía todo acerca de este asunto cuando lo eligió para la obra que le ha encomendado. En el hermoso plan de Dios, ese único talento puede ser incrementado por el uso, y llegar a ser diez. Recuerde siempre que Dios tendrá en cuenta lo que el hombre tiene, y no lo que no tiene. Véase 2 Corintios 8:12.

Dios le ha dado talentos. El lo ha elegido para llevar responsabilidades no porque tuviera una educación esmerada, no porque fuera un orador o un hombre de intelecto brillante; El lo escogió porque, por medio de su gracia, usted caminó humildemente con Dios y manifestó fidelidad en las cosas pequeñas.

Jesús ha estado entregando bienes a sus siervos siglos tras siglo. Una generación tras otra ha ido acumulando la herencia de la fe; los talentos han aumentado grandemente con el uso, y han llegado hasta nosotros. Somos como siervos contratados. El nos compró, y pagó el precio del rescate con su propia sangre para asegurar nuestro servicio voluntario.

Algunos, como Ud., sienten la responsabilidad de negociar con los bienes que el cielo les ha encomendado. Ud. desea ofrecer mayores ingresos a su Señor. No se conforma con la pequeñez de los mayores dones que puede poner sobre el altar para Cristo; todo el tiempo y esfuerzo que puede dar al Maestro le parece demasiado poco, y se lamenta por su servicio imperfecto. Mire al Salvador ascendido. No está muerto, ni en la tumba nueva de José, con una gran piedra delante. ¡Ha resucitado!… ¡Es nuestro gran Sumo Sacerdote! El intercede en su favor.

Todo lo que pide de Ud. es que use los talentos que se le han confiado. Si piensa que Dios le ha dado cinco talentos, consuélese con la idea que El no espera de Ud. la adición de diez. ¡En el nombre de Jesús de Nazaret, le insto a que eleve su mirada! El arco iris de la promesa está rodeando el trono.—Manuscrito 8, del 25 de noviembre de 1892, enviado a un dirigente de la Asociación General.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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