25 de marzo | Devocional: Mi vida Hoy | Escucho la voz del cielo

Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda. (Isa. 30:21)

Hay en la Palabra Inspirada numerosas narraciones que nos enseñan que la familia humana es objeto de especial atención de parte de Dios y los seres celestiales. Al hombre no se lo abandona para que se convierta en juguete de las tentaciones de Satanás. Todo el Cielo se ha aplicado activamente a la tarea de transmitir luz a los habitantes del mundo, para que éstos no queden sin dirección espiritual en medio de las tinieblas de la medianoche. Un ojo que nunca se entrecierra ni duerme está velando sobre el campamento de Israel. Millones de millones de ángeles atienden las necesidades de los hijos de los hombres. Voces inspiradas de Dios exclaman: Este es el camino, andad por él. (MS 8, 1900)
Podemos evitar que entren por nuestros ojos muchos de los males que se multiplican tan rápidamente en estos últimos tiempos. Podemos evitar que entre por nuestros oídos mucha de la impiedad y de los crímenes que abundan. (NL, Nº 25, página 3)
Frente a las mentes activas de los niños y jóvenes, las escenas descritas en las revelaciones imaginarias del futuro, son realidades. Cuando se predicen revoluciones y se describe toda clase de actitudes que derriban todas las vallas de la ley y del dominio propio, muchos se identifican con esas escenas. Se ven así inducidos a cometer crímenes peores si posible fuera, que los que nacen de la pluma de esos escritores sensacionalistas. Debido a estas influencias y a otras semejantes, la sociedad se está desmoralizando. La simiente de impiedad se siembra al vuelo. No es de maravillarse que se esté recociendo una cosecha de delitos. (MC:423-424)
Decid con firmeza: “Quiero apartar los ojos de las cosas frívolas y culpables. Mis oídos pertenecen al Señor, y no quiero escuchar los raciocinios sutiles del enemigo. Mi voz no quedará, en ninguna manera, a la disposición de una voluntad que no esté bajo la influencia del Espíritu de Dios. Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo y emplearé todas las facultades de mi ser para perseguir un noble fin”. (5TS:28) (91)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
Reflexiones para cada día
Elena G. de White

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Devocional, Mi vida Hoy

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