25 de junio 2022 | Devoción Matutina para Damas 2022 | La dulce espera

«Yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes. Espera con paciencia al Señor; sé valiente y esforzado; sí, espera al Señor con paciencia» (Sal. 27:13-14, NTV).

Cuando hablamos de esperar, generalmente usamos adjetivos negativos. Decimos que la espera es «agonizante», «dolorosa», «insoportable»… Decimos que la espera desespera. Hay una excepción: la dulce espera. Cuando una mujer está embarazada, hablamos de la «dulce espera». Una de mis mejores amigas, Kim, acaba de dar a luz a su primer hijo. Como ella vive en Australia, me mantuvo al tanto de todo por internet y me envió fotos que documentaban el crecimiento de su pancita. ¡Fue un proceso tremendamente emocionante!
Una mujer embarazada espera con ilusión, anticipando el día en que pueda sostener a su bebé en brazos. Sí, es cierto, hay vómitos, pies hinchados y noches sin dormir, pero a todo eso lo llamamos «dulce espera», porque vale la pena. ¡Imagina si pudiéramos vivir la vida espiritual de esta manera! Todos estamos esperando algo: el cumplimiento de un sueño, un hijo, la realización de un llamado… Considera la vida de José (Gén. 37), Ana (1 Sam. 1) o David (1 Sam. 16). Ellos esperaron un largo tiempo antes de ver el cumplimiento de las promesas de Dios, pero su espera no fue tiempo perdido, sino tiempo invertido. Mientras esperamos, nuestro carácter se desarrolla, así como crecen las raíces bajo la tierra o como se forma un pequeño cuerpo en la oscuridad del vientre.
«Parece que el Señor continuamente usa la espera como herramienta para darnos lo mejor de sus regalos», escribe Catherine Marshall, en Aventuras en la oración. Esperar es «una especie de oración actuada que se requiere más a menudo, y se honra más a menudo de lo que podía entender, hasta que vi los fabulosos músculos de fe que este acto desarrolla». Tal vez, si recordamos esto, podremos vivir la espera con más dulzura y menos desesperación. Esperar es hacer flexiones de pecho con los músculos de la fe; es crecer.
Esperar es hacer nuestra parte y confiar en que Dios hará la suya. Esperar es incómodo; es como tratar de encontrar una posición para dormir durante el último trimestre del embarazo. Sin embargo, también puede ser dulce: dulce en nuestra comunión con Dios, dulce por su presencia y compañía.

Señor, no entiendo tus tiempos. Tú eres eterno y nunca estás apurado.
Yo veo los meses y las estaciones pasar, y me desespero. Quiero ser paciente, pero me cuesta. Por favor, perfuma con tu presencia esta espera.
Ayúdame a crecer en la fe.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2022



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