25 de junio 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | Fe que obra por el amor

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6).

Ni el legalismo ni el libertinaje nos llevan por buen camino. No son nuestras obras las que nos ganan el derecho al cielo, pero son nuestras obras las que evidencian la calidad de nuestra fe. Pablo dice que es “una fe activa por medio del amor” (Gál. 5:6, DHH). La circuncisión o la incircuncisión pueden hacerte esclavo (vers. 1, 13), pero para quien confía en Jesús y permite que dirija las acciones, su amor nos lleva al “trío” que da sentido a nuestra existencia: la fe, la esperanza y el amor.
Así, el amor verdadero no crea reglas propias, sino que se expresa en obediencia a la voluntad de Dios. La fe tiene sus obras motivadas por el puro amor de la presencia de Cristo en nosotros.
El amor de Dios y su voluntad no crean en nosotros una fe salvadora, es la fe salvadora la que crea un amor en acción.
Elena de White nos dice que cuando hablamos de la fe debemos tener siempre presente una distinción. Una cosa es una creencia, y eso difiere de la fe. Por ejemplo: la existencia y el poder de Dios, la verdad de su Palabra, son hechos que aun Satanás y sus huestes no pueden negar. La Escritura dice que “los demonios [lo] creen, y tiemblan’ (Sant. 2:19), pero esto no es fe.
Fe es creer que Dios existe; fe es someternos a su voluntad; fe es entregar a Dios el corazón y los afectos.
“Una fe que obra por el amor y purifica el alma. Mediante esa fe el corazón se renueva conforme a la imagen de Dios. Y el corazón que en su estado inconverso no se sujetaba a la ley de Dios ni tampoco podía, se deleita después en sus santos preceptos y exclama con el Salmista: ‘¡Oh cuánto amo tu ley! todo el día es ella mi meditación (Sal 119:97). Entonces la justicia de la Ley se cumple en nosotros, los que no andamos “conforme a la carne, mas conforme al espíritu” (El camino a Cristo, p. 63).
La fe que salva es una fe viva, activa y operante. La salvación es un regalo de Dios, fruto de su amor y compasión por nosotros; y en gratitud devolvemos el más cálido afecto de nuestro corazón. Spurgeon explicaba que cuando Jesús es todo para nosotros, es el Señor de nuestro corazón.
La fe, en vez de ser algo pobre y miserable, como algunos imaginan, es la causa más grandiosa de amor y, por tanto, de obediencia y santidad.
Que nuestra fe sea tan real que, por el amor de Cristo y a Cristo, produzca los mejores y abundantes frutos.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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