25 de febrero | Devocional: Conflicto y Valor | La primogenitura canjeada

Génesis 27:1-40.

Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Salmos 37:5.

Isaac amaba más a Esaú que a Jacob. Y cuando pensó que estaba por morir le pidió a Esaú que le preparara una vianda para bendecirlo luego, antes de morir… Rebeca oyó las palabras de Isaac, y recordó las de Jehová: “El mayor servirá al menor”, y además sabía que Esaú había menospreciado su primogenitura vendiéndosela a Jacob…

Rebeca conocía el favoritismo de Isaac hacia Esaú y estaba convencida de que razonando no lograría cambiar su propósito. En vez de confiar en Dios, el que dispone los hechos, manifestó falta de fe persuadiendo a Jacob que engañara a su padre…

Aunque Esaú hubiera recibido la bendición de su padre, que estaba destinada al primogénito, su prosperidad podría haber venido solamente de Dios, quien lo hubiera bendecido con prosperidad o con adversidad, de acuerdo con su forma de vida. Si amaba y reverenciaba a Dios, como el justo Abel, hubiera sido aceptado y bendecido por Dios. Si, como el impío Caín, no respetaba a Dios y sus mandamientos, sino seguía su propio camino corrupto, no hubiera recibido una bendición sino un rechazo de parte de Dios, como Caín. Si la conducta de Jacob era justa, si amaba y temía a Dios, él lo habría bendecido, y su mano bienhechora habría estado con él, aun cuando no hubiese recibido las bendiciones y los privilegios generalmente reservados para el primogénito.—The Story of Redemption, 88, 89.

Jacob y Rebeca triunfaron en su propósito, pero por su engaño no se granjearon más que tristeza y aflicción. Dios había declarado que Jacob debía recibir la primogenitura y si hubiesen esperado con confianza hasta que Dios obrara en su favor, la promesa se habría cumplido a su debido tiempo. Pero, como muchos que hoy profesan ser hijos de Dios, no quisieron dejar el asunto en las manos del Señor. Rebeca se arrepintió amargamente del mal consejo que había dado a su hijo; pues fue la causa de que quedara separada de él y nunca más volviera a  ver su rostro. Historia de los Patriarcas y Profetas, 179.

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DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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