25 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Perfeccionar a los santos

«Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo». Efesios 4: 11-13

La norma de carácter que Cristo hizo posible que alcancemos [los santos] es una norma perfecta. Al tratar de medirla los sentidos se confunden, y surge la pregunta: «¿Llegarás a la perfección del Todopoderoso?» (Job 11: 7). Con todo, el Señor hizo posible que lleguemos a ser como él es en carácter. ¡Cómo podría yo motivar a todos para alcanzar la necesaria transformación que nos capacitará para reflejar la imagen divina!

Muchos que pretenden seguir a Cristo ofrecen al mundo una representación errónea de lo que es el cristianismo porque no alcanzan el nivel propio de los elegidos de Dios. Quienes fracasan en mantener constantemente delante de sí la norma de la santa ley de Dios, crean su propia norma; y así quedan destituidos de los principios esenciales del evangelio. Son siervos inútiles, porque viven y actúan en el nivel inferior; la presencia de Cristo no los sostiene, y sus manifestaciones de lo que es la vida espiritual se deforman. Su vida es una farsa; pues no representa el elevado estilo de vida divino, y no resulta idóneo para que sean miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Espiritual- mente están muertos porque no asimilan en la suya la vida que Cristo ha provisto. No se aferran del poder que el Cielo pone a su alcance a fin de capacitarlos para ser vencedores.

Nadie podrá llevar al cielo sus rasgos de carácter heredados o cultivados. Quien mantiene esos rasgos a través de su período de prueba, representa mal a Cristo al actuar de acuerdo con principios que Dios no puede aprobar. Los principios de la verdadera vida espiritual no son comprendidos por los que conocen la verdad pero fallan en practicarla.

El Señor demanda reformas claras y concretas. Aquellos en cuyos corazones habita Cristo revelarán su presencia en su trato con los demás. Pero los principios y valores de algunos han sido pervertidos por tanto tiempo que han perdido el discernimiento y las flechas de la convicción rara vez los alcanzan. ¿Cómo puede curarse esto? Solamente prestando atención a la oración de Cristo: «Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo […] para que también ellos sean santificados en la verdad» (Juan 17: 17-19). No hay otro camino por el cual pueda alcanzarse la santificación.— Manuscrito 16, 25 de febrero de 1901, «Testimonio a la iglesia de Battle Creek», adaptado.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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