25 de diciembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Liliana Ford

Declaro lo siguiente acerca del Señor: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío. Salmo 91:2.

Liliana Ford estaba sentada en su casa en las afueras de Cajababa, Ecuador, conversando con la Sra. Schwerin, una visita procedente de Quito. Mientras conversaban, se escucharon gritos aterradores y el ruido de disparos, que las hizo correr hacia la ventana. Alcanzaron a observar un grupo de indígenas que bajaba las colinas a toda carrera, armado de cuchillos y palos, solo para ser arrasados por los disparos de los soldados que los esperaban en el valle.

-¿Qué sucede? -preguntó la Sra. Schwerin.

-Los nativos han estado celebrando las fiestas de los Reyes Magos y han bebido demasiado licor -respondió Liliana-, Además, hemos escuchado rumores de que están preparando una insurrección contra los blancos. Por eso están allí los soldados.

-Cuánto daría porque estuvieran aquí nuestros esposos -suspiró la Sra. Schwerin.

Liliana vio a un grupo de indios que habían acudido a su clínica y corrían cerca de ella.

-¡Deténganse! -les gritó-. Los soldados los matarán si continúan.

Pero los indios, airados, no le hicieron caso.

Mientras tanto, los esposos de ambas mujeres intentaban llegar a la casa para protegerlas, y a su propiedad, pero el camino estaba bloqueado por indios hostiles que los apedreaban. Algunos colonos blancos que huían relataban episodios horrendos que habían visto y los desanimaban a continuar su camino. Por fin, no hubo más remedio que regresar al poblado y orar para que Dios protegiera a las mujeres en la misión.

Al día siguiente había cesado la batalla, y los hombres pudieron llegar a sus casas.

-¡Alabado sea el Señor! ¡Están bien! -dijo el pastor Ford, y tomó a Liliana entre sus brazos.

Más tarde, la esposa del misionero preguntó a unos indios amistosos la razón por la cual no habían atacado la misión.

-Los hombres se amedrentaron cuando vieron su casa custodiada por soldados armados -le respondieron.

Los ojos de la Sra. Ford se abrieron. Aquel día no había venido ningún soldado ecuatoriano a la misión. Un profundo sentimiento de gratitud se apoderó de ella cuando se dio cuenta de que fueron ángeles los que habían custodiado su casa, protegiéndolas a ella y a su amiga aquel día.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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