24 de septiembre 2020 | Devoción Matutina para Adultos 2020 | Tú sabes todo de mí

 

BUENA MEDICINA ES EL CORAZÓN ALEGRE

Lecturas devocionales para Adultos 2020

 

“Señor, tú me has examinado y sabes todo de mí” (Salmo 139:1, PDT).

Muchas de las ansiedades humanas están relacionadas con el deseo de agradar a otros, con la presión de los padres o con el temor a la exclusión social. La necesidad de sentirnos amados y apreciados hace que procuremos mostrar lo mejor de nosotros mismos y tratemos de ocultar nuestros defectos o debilidades. Otros, con tal de agradar o quedar bien con los demás, modifican su conducta a expensas de sus creencias o sentimientos.

En 1951, Solomon Asch realizó un estudio en el área de la psicología social para observar cómo la opinión de un individuo era influenciada por estas variables. El experimento consistía en evaluar unas tarjetas con líneas de distintos tamaños. Al participante se le solicitaba que comparara una línea vertical de una tarjeta con otras tres líneas verticales de una segunda tarjeta. El propósito era decir cuál de las tres era igual a la primera. Sin mayores dificultades, los participantes lograron identificar las líneas similares con un 99 % de eficacia. Sin embargo, cuando los participantes tuvieron que dar sus respuestas luego de que varios miembros del grupo dieran intencionalmente respuestas incorrectas (siendo cómplices del investigador), los participantes también emitieron respuestas incorrectas en el 37 % de los casos para condescender con la mayoría.

¿Por qué no daban su respuesta, aunque fuera diferente de la opinión de los demás? ¿Sería el temor al rechazo? ¿Sería el deseo de agradar? ¿O la necesidad de sentirse en armonía con el resto?

En ocasiones, los mismos temores aparecen en nuestra relación con el Señor. A veces, realizamos “bellas oraciones” creyendo que de esa manera agradaremos a Dios cuando, en realidad, solo estamos dando “respuestas incorrectas”. No vale de nada decir, “gracias te doy, Señor, porque en este día me has dado tantas bendiciones” cuando, en realidad, deseaba manifestarle mi indignación por la maldad y mi absoluto desconcierto porque aparentemente Dios aún no se pronuncia a favor de la justicia. De manera similar, no sirve de nada pronunciar una bella oración cuando necesito clamar por fuerzas para no caer nuevamente en el mismo error.

Es alentador saber que podemos presentar a Dios todos nuestros pensamientos con la seguridad de que no los rechazará ni se escandalizará por ellos. Podemos decir con confianza: “Señor, tú me has examinado y sabes todo de mí. […]Tú conoces cada uno de mis pensamientos. […] Sabes para dónde voy y en dónde me acuesto. Tú sabes todo lo que hago. Señor, tú sabes lo que voy a decir aun antes de que las palabras salgan de mi boca” (vers. 1-4, PDT).

Agradezcamos a Dios, porque a pesar de que no siempre son buenos nuestros pensamientos, aun así, no nos deja de amar.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020



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