24 de noviembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | A Dios sea la gloria

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. 2 Corintios 4:7.

Todas las buenas cualidades que poseen los hombres son dones de Dios; realizan sus buenas acciones por la gracia de Dios manifestada en Cristo. Como lo deben todo a Dios, la gloria de cuanto son y hacen le pertenece sólo a él; ellos no son sino instrumentos en sus manos.

Además, según todas las lecciones de la historia bíblica, es peligroso alabar o ensalzar a los hombres; pues si uno llega a perder de vista su total dependencia de Dios, y a confiar en su propia fortaleza, caerá seguramente. El hombre lucha con enemigos que son más fuertes que él… Es imposible que nosotros, con nuestra propia fortaleza, sostengamos el conflicto; y todo lo que aleje nuestra mente de Dios, todo lo que induzca al ensalzamiento o a la dependencia de sí, prepara seguramente nuestra caída. El tenor de la Biblia está destinado a inculcamos desconfianza en el poder humano y a fomentar nuestra confianza en el poder divino.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 775.

Nuestro Padre celestial no ha enviado ángeles del cielo a predicar la salvación a los hombres. Ha abierto para nosotros las preciosas verdades de su Palabra y ha implantado la verdad en nuestros corazones para que podamos darla a los que están en tinieblas. Si en verdad hemos probado los preciosos dones de Dios en sus promesas, impartiremos este conocimiento a otros…

Hemos de trabajar individualmente como si una gran responsabilidad descansara sobre nosotros. Hemos de manifestar energía incansable, tacto y fervor en esta obra, y llevar la carga, conscientes del peligro en que están nuestros vecinos y amigos. Debemos obrar como Cristo obró. Debemos presentar la verdad tal cual es en Jesús, para que la sangre de las almas no sea hallada en nuestras vestiduras. Y, al mismo tiempo, hemos de sentir plena dependencia de Dios y confianza en él, pues sabemos que no podemos hacer nada sin su gracia y su poder ayudador. Un Pablo puede plantar y un Apolos regar, pero sólo Dios puede dar el crecimiento.—En Lugares Celestiales, 333.

 

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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