24 de junio | Devocional: Exaltad a Jesús | Dar un testimonio viviente

Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Juan 17:18.

Debido al creciente poder de las tentaciones de Satanás, los tiempos en los cuales vivimos están llenos de peligros para los hijos de Dios, y necesitamos aprender constantemente del gran Maestro, a fin de que podamos dar todo paso con seguridad y justicia. Nos esperan escenas maravillosas; y en este tiempo debe manifestarse en la vida del profeso pueblo de Dios un testimonio vivo, a fin de que el mundo pueda ver que en estos tiempos en que el mal reina por todos lados, hay todavía un pueblo que pone a un lado su voluntad y procura hacer la de Dios, un pueblo en cuyo corazón y vida está escrita la ley divina.

Dios espera de los que llevan el nombre de Cristo, que lo representen. Sus pensamientos han de ser puros, sus palabras nobles y elevadoras. La religión de Cristo se ha de entretejer con todo lo que hagan y digan. Han de ser un pueblo santificado, purificado, santo, que comunique la luz a todos aquellos con quienes lleguen a tratar. Es propósito de Dios que, ejemplificando la verdad en sus vidas, sean una alabanza en la tierra. La gracia de Cristo basta para producir esto. Pero recuerde el pueblo de Dios, que únicamente en la medida en que crea y ponga por obra los principios del Evangelio, podrá cumplir su propósito. Únicamente en la medida en que entregue al servicio de Dios las capacidades que él le ha dado, gozará de la plenitud y del poder de la promesa en la cual la iglesia ha sido invitada a confiar…

Los seguidores de Cristo han de estar separados del mundo en sus principios e intereses; pero no deben aislarse del mundo. El Salvador trataba constantemente con los hombres, no para alentarlos en cosa alguna que no estuviese de acuerdo con la voluntad de Dios, sino para elevarlos y ennoblecerlos… Así también el cristiano ha de morar entre los hombres, a fin de que el sabor del amor divino pueda ser como la sal para preservar el mundo de la corrupción.

Asediado diariamente por la tentación, constantemente frente a la oposición de los dirigentes del pueblo, Cristo sabía que debía fortalecer su humanidad por la oración. A fin de ser una bendición para los hombres, debía estar en comunión con Dios, rogando por energía, perseverancia y firmeza. Así demostró a sus discípulos dónde se hallaba su fuerza. Sin esta comunión diaria con Dios, ningún ser humano puede recibir poder para servir. Cristo solo puede dirigir correctamente los pensamientos. El solo puede dar nobles aspiraciones y amoldar el carácter de acuerdo con la semejanza divina. Si nos acercamos a él en oración ferviente, llenará nuestro corazón de propósitos elevados y santos, y con hondos anhelos de pureza y justicia…

Dios desea que sus hijos demuestren por su vida la ventaja que sobre la mundanalidad tiene el cristianismo; que demuestren que están trabajando en un plano elevado y santo… Anhela hacerlos conductos por los cuales pueda derramar su ilimitado amor y misericordia.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 305-308.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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