24 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Firmes y muy unidos en la lucha

«Solamente esto: procuren que su manera de vivir esté de acuerdo con el evangelio de Cristo. Así, lo mismo si voy a verlos que si no voy, quiero recibir noticias de que ustedes siguen firmes y muy unidos, luchando todos juntos por la fe del evangelio». Filipenses 1: 27, DHH

RUEGO A Dios que su pueblo no deje de lado lo distintivo de su fe. Se glorifica a Cristo mediante una vida de fe firme y constante. Pablo declara: «Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gál. 2: 20). Cristo debe ser glorificado mediante la fe viviente y activa de su pueblo. «El justo por la fe vivirá» (Rom. 1:17; Gál. 3: 11; Heb. 10: 38; Hab. 2: 4).

Cristo no ha dejado a su pueblo para que tropiece por andar en tinieblas. Trazó el camino delante de ellos. Dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mar. 8: 34). El pueblo de Dios ha de recorrer el sendero de la abnegación, el camino real claramente indicado por el Redentor.

Mi hermano, sométase a Aquel «que sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio» (2 Tim. 1: 10). Que la propia voluntad de usted y la de Cristo sean una. Hable acerca de ello, ore por ello, y vívalo. La orden de Dios para nosotros es: «Siempre para adelante», y es preciso obedecerla, aunque nos tengamos que enfrentar con obstáculos en apariencia tan insuperables como el Mar Rojo. Confiemos en que el Señor Dios del cielo abrirá camino delante de su pueblo. «Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará» (Sal. 37: 5). Esta paciente confianza es el reposo de la fe. El Señor bendecirá a su pueblo probado y fiel, no lo abandonará para que sea confundido.

En el último gran día, cada palabra, cada acto serán sometidos a la prueba decisiva del Juez de toda la tierra. […] El Señor pide un sincero arrepentimiento de los que pretenden ser su pueblo. El desenfreno no debe encontrar lugar en sus vidas. Debe guardarse celosamente a la iglesia de Dios de toda sombra de falta de integridad, de toda mancha de corrupción. El amor de Cristo se opone por completo a la avaricia, el orgullo, la codicia. El Señor demanda corazones humildes y contritos. Él obrará mediante su Santo Espíritu sobre todos los que le permitan hacerlo, sobre todos los que lo aman y guardan sus mandamientos. Entonces ellos harán que sea tan manifiesta la presencia y el poder de Dios en sus vidas que los enemigos de la verdad se verán compelidos a decir que Dios y sus ángeles verdaderamente están del lado de aquellos que están al servicio del Señor apoyándolos.

Las divisiones no son el fruto de la justicia sino del diablo. El gran obstáculo para nuestro avance en este tiempo es el egoísmo que impide que los creyentes estén viviendo en verdadera fraternidad. La última oración que Jesús ofreció por sus discípulos antes de su enjuiciamiento fue que pudieran llegar a ser uno con él. Satanás está determinado a que no se logre esa unidad, porque ella es el testimonio más poderoso que puede darse de que Dios verdaderamente envió a su Hijo a reconciliar al mundo con el Cielo.— Carta 41, 24 de febrero de 1903, dirigida al Dr. Brauchr de Chicago, adaptado.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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