24 de enero | Devocional: Alza tus ojos |  Alabando en el templo con alegría y sin murmurar

«Adoren al Señor con gozo. Vengan ante él cantando con alegría. […] Entren por sus puertas con acción de gracias; vayan a sus atrios con alabanza. Denle gracias y alaben su nombre». Salmo 100: 2-4, NTV

POSTRÉMONOS ANTE EL Señor mientras estamos en su templo, y consagrémonos a él los suyos, los que hemos sido comprados con la sangre de Cristo. […]

Dios bendecirá a todos los que de esta manera nos estamos preparando para servirle. Así comprenderemos qué significa tener la seguridad del Espíritu, habiendo recibido a Cristo por la fe. La bendición del Señor significa mucho más que el perdón del pecado, significa haber quitado el pecado y haber llenado ese vacío con el Espíritu Santo. Esa bendición significa iluminación divina, regocijo en Dios, significa un corazón vaciado del ego y bendecido con la permanente presencia de Cristo. Necesitamos las cualidades vitales del cristianismo, y al poseerlas la nuestra será una iglesia viva, activa y ferviente; y habrá crecimiento en la gracia, pues los brillantes rayos del Sol de Justicia penetrarán hasta lo más recóndito de nuestra mente.

No introduzcamos los nubarrones de la incredulidad en la iglesia. Alistemos nuestras lámparas, renovemos nuestra provisión de aceite antes que termine el tiempo de gracia. Es nuestro privilegio, y deber nuestro, descartar la depresión melancólica. Cuando vayamos a la casa de adoración, debemos ir llenos de gozo; ¿acaso no vamos a encontramos con Dios y con su pueblo? […]

No permitamos que anide en nuestra mente, y que nos atormente, ni aun el más mínimo atisbo de crítica; porque Satanás está al acecho. El ya lo intenta sin que nosotros le ayudemos. Rehusémonos pues a cooperar con el acusador de los hermanos. Apropiémonos de cada rayo de luz, y luego vayamos en busca de los necesitados de ayuda para iluminarlos. El Señor nos dice: «Ve por los senderos y detrás de los arbustos y a cualquiera que veas, insístele que venga para que la casa esté llena» (Luc.. 14: 23, NTV). […] Hemos de asistir a cada reunión religiosa con la íntima y viva convicción de que Dios y los ángeles están allí cooperando con todos los verdaderos adoradores. […]

El Señor bendecirá grandemente a los probados y escogidos, si cooperan con él. Cuando el Espíritu Santo descendió en el día de Pentecostés, hubo algo así como un viento impetuoso, poderoso. No fue otorgado el Espíritu en escasa medida, sino que llenó todo el aposento donde los discípulos estaban reunidos. De la misma manera nos será dado a nosotros cuando nuestros corazones estén preparados para recibirlo. […] Cuando ustedes se encuentren con el Señor, digan: «Estoy en la casa de Dios y anhelo que todos los pensamientos pecaminosos, toda la desconfianza y la murmuración contra mis hermanos se desvanezcan. Nos hemos reunido aquí con Dios, “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”» (Juan 3: 16).— Manuscrito 2, 24 de enero de 1899, «La necesidad de una mayor consagración».

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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