24 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Comer del árbol de la vida en el paraíso de Dios

«¡Si alguien tiene oídos, que ponga atención a lo que el Espíritu de Dios les dice a las iglesias. “A los que triunfen sobre las dificultades y no dejen de confiar en mí, les daré a comer el fruto del árbol que da vida. Ese árbol crece en el hermoso jardín de Dios”». Apocalipsis 2: 7, TLA

EN VISTA DE LA PRONTA VENIDA del Señor, cuán diligentes deberíamos ser en la formación de caracteres según la semejanza divina. […] «Yo soy Alfa y Omega, principio y fin, el primero y el postrero. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad» (Apoc. 22: 13-14, RVA).
¿Acaso no merece la pena que nos esforcemos para contamos entre los bienaventurados?
Si perdemos el cielo, perdemos todo, y a ninguno de nosotros le conviene eso. Si mantenemos en vista los goces eternos que aguardan al vencedor, y si cuando luchamos por alcanzar la perfección del carácter confiamos en Cristo, ¿piensan ustedes que seremos infelices? ¿Seremos desdichados por imitar el ejemplo de abnegación y servicio de Cristo? […]
Estamos aspirando a la vida que se mide con la de Dios; por lo tanto, nuestra naturaleza debe ser puesta en conformidad con la voluntad del Señor. También hemos de cumplir con el propósito de nuestra vida de modo que podamos acudir confiadamente a Dios y abrir ante él nuestro corazón, manifestándole nuestras necesidades, y creyendo que él nos oye y nos dará fortaleza y poder para poner en práctica los principios de la Palabra de Dios.
Lo que nosotros anhelamos es el cielo, la corona de victoria, traspasar las puertas de la ciudad de Dios, el derecho a «comer del árbol de la vida que está en medio del paraíso de Dios» (Apoc. 2: 7). Deseamos ver «al Rey en su hermosura» (Isa. 33: 17). Así que mantengamos nuestra vista fija en Cristo, el perfeccionador de nuestro carácter; y aferrados a su divinidad obtendremos la fortaleza espiritual que nos ayudará para ser vencedores sobre toda tendencia y deseo perverso.— Manuscrito 87, 1909.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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