24 de agosto | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | El eterno peso de gloria

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2 Corintios 4:18.

Pablo llamó un momento a los años que tuvo que soportar de renunciamientos, privaciones, pruebas, aflicciones y persecución. No consideraba dignas de mención las cosas del tiempo presente cuando las comparaba con el eterno peso de gloria que le esperaba cuando la lucha estuviera terminada. Estas mismas aflicciones no eran sino auxiliares de Dios, enviadas para perfeccionamiento del carácter cristiano. No importa cuáles sean las circunstancias por las cuales pasa el cristiano, por oscuro y misterioso que parezca el camino de la providencia, por grandes que sean sus privaciones y sufrimientos, siempre puede quitar la vista de ellos y mirar las cosas invisibles y eternas. Así tiene la bendita seguridad que todas las cosas contribuyen a su bien…

El Espíritu Santo inundaba el alma de Pablo con la luz del cielo, y recibió la seguridad de su participación en la posesión adquirida y reservada para los fieles. El lenguaje de Pablo era sólido. Fue incapaz de encontrar palabras suficientemente impresionantes como para expresar la excelencia de aquella gloria, honor e inmortalidad que los creyentes recibirán cuando Cristo venga. Comparadas con la escena que ocupaba los ojos de su mente, todas las aflicciones temporales no eran sino momentáneas, tribulaciones leves, indignas de preocupación. Vistas a la luz de la cruz, las cosas de esta vida no eran sino vanidad y vacuidad. La gloria que ocupaba su atención era real, importante, perdurable, y su descripción estaba más allá de la capacidad del lenguaje.

Sin embargo, Pablo lo expresa con tanta exactitud como es capaz, para que la imaginación pueda captar la realidad tan claramente como las mentes finitas pueden hacerlo. Se trataba de un peso de gloria, una plenitud de Dios, un conocimiento inmensurable. Era un eterno peso de gloria. Y sin embargo Pablo siente que su lenguaje es inadecuado. No alcanza a expresar la realidad. Se esfuerza por encontrar palabras más expresivas. Las más atrevidas figuras del lenguaje quedarían muy por debajo de la verdad. El apóstol busca los términos más amplios que pueda proveer el lenguaje humano, para que la imaginación pueda captar hasta cierto punto la excelencia superlativa de la gloria que le será concedida al vencedor.

Santidad, dignidad, honor, felicidad en la presencia de Dios, son cosas invisibles actualmente, excepto para el ojo de la fe. Pero las cosas que se ven: el honor mundanal, los placeres temporales, las riquezas y la gloria, quedan eclipsadas por la excelencia, la belleza y la gloria esplendorosa de las cosas invisibles. Las cosas de este mundo son temporales, y duran sólo por un tiempo, en tanto que las que no se ven son eternas, y permanecen por las edades sin fin. La obtención de este tesoro infinito constituye la ganancia de todo y la pérdida de nada. —The S.D.A. Bible Commentary 6:1099-1100.

En el futuro llegaremos a saber cuán íntimamente relacionadas estuvieron nuestras pruebas con nuestra salvación, y cómo estas tribulaciones leves produjeron en nosotros “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. —Carta 5, 1880.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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