23 de Octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Heredarán la tierra

«Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia». Mateo 5: 5, NBD

HUBO OPORTUNIDADES CUANDO CRISTO habló con tal autoridad, que sus palabras recibieron un impulso irresistible, un sentido abrumador de la grandeza del que hablaba, y los instrumentos humanos se empequeñecieron hasta la insignificancia en comparación con el que estaba ante ellos. Se conmovieron profundamente; tuvieron la impresión de que repetía el mandamiento desde la gloria más excelsa.
Cuando el Señor Jesús invitaba a escuchar a la multitud, quedaban extasiados y fascinados, y la convicción llenaba sus mentes. Cada palabra tenía sentido, y los oyentes creían y recibían las palabras que no tenían poder para resistir. Cada palabra que Jesús pronunciaba era para los creyentes como la vida de Dios. Daba evidencia de que él era la luz del mundo y la autoridad de la iglesia, y reclamaba preeminencia sobre ambas.— Manuscrito 118, 1905.
La naturaleza humana lucha siempre por expresarse; está siempre lista para combatir. Pero el que aprende de Cristo renuncia al yo, al orgullo, al amor por la supremacía, y hay silencio en su corazón. El yo se somete a la voluntad del Espíritu Santo. No ansiaremos entonces ocupar el puesto más elevado. No pretenderemos destacarnos ni abrirnos paso por la fuerza, sino que sentiremos que nuestro más alto lugar está a los pies de nuestro Salvador. […]
La humildad del corazón, esa mansedumbre resultante de vivir en Cristo, es el verdadero secreto de la bendición. «Hermoseará a los humildes con la salvación» (Sal. 149: 4).— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 33, 36.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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