23 de noviembre | Una religión radiante | Elena G. de White | Adoremos alegremente al Señor

«Yo me alegré con los que me decían: “¡A la casa deJehová iremos!”». Salmo 122: 1

Si nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no tiene que ser considerado como algo penoso, como una tarea impuesta; tiene que ser un placer adorar al Señor y poder servirle. Dios no quiere que sus hijos, a los cuales ha proporcionado una salvación tan grande, actúen como si él fuera un amo duro y exigente. El es su mejor amigo; y cuando lo adoran quiere estar con ellos para bendecirlos y confortarlos, llenando sus corazones de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos hallen consuelo en servirle y más placer que fatiga en su obra. Él desea que quienes acudan a adorarlo se lleven pensamientos maravillosos acerca de su amor y protección, a fin de que reciban ánimo para vivir y obtengan gracia para actuar honestamente y con fidelidad en todo. — El camino a Cristo, cap. 11, pp. 153-154. «Dios altísimo, ¡qué bueno es poder alabartey cantarte himnos! ¡Qué bueno es poder alabar tu amor y tu fidelidad! Díay noche te alabaré con música de arpas y liras. Dios mío, quiero gritar de alegría por todo lo que has hecho; todo lo que haces es impresionante y me llena de felicidad. Tus pensamientos son tan profundos que la gente ignorante ni los conoce ni los entiende». Salmo 92: 1-6, TLA

DEVOCIONAL ADVENTISTA

UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz

Elena G. de White

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