23 de marzo | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Compartamos los sufrimientos de Cristo

Gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 1 Pedro 4:13.

Tenemos que hacer ejercicio para ser fuertes. Para disponer de una fe fuerte, debemos ser puestos en circunstancias tales que nuestra fe se ejercite… Vamos a entrar en el reino de Dios a través de mucha tribulación. Nuestro Salvador fue probado de todas las maneras posibles, no obstante lo cual triunfó en Dios continuamente. Es nuestro privilegio ser fuertes con la fortaleza de Dios en toda circunstancia y gloriarnos en la cruz de Cristo.—Testimonies for the Church 3:67.

En esta vida debemos arrostrar pruebas de fuego y hacer sacrificios costosos, pero la paz de Cristo es la recompensa. Ha habido tan poca abnegación, tan poco sufrimiento por amor a Cristo, que la cruz queda casi completamente olvidada. Debemos participar de los sufrimientos de Cristo si queremos sentarnos en triunfo con él sobre su trono.—Joyas de los Testimonios 2:69.

El cielo está muy cerca de aquellos que sufren por causa de la justicia. Cristo identifica sus intereses con los de su pueblo fiel; sufre en la persona de sus santos; y cualquiera que toque a sus escogidos le toca a él. El poder que está cerca para librar del mal físico o de la angustia está también cerca para salvar del mal mayor, para hacer posible que el siervo de Dios mantenga su integridad en todas las circunstancias y triunfe por la gracia divina.—La Historia de Profetas y Reyes, 400.

La persecución debe llenar de alegría a los discípulos de Cristo; porque es prueba de que siguen los pasos de su Maestro.

Aunque el Señor no prometió eximir a su pueblo de tribulación, le prometió algo mucho mejor. Le dijo: “Como tus días tu fortaleza”. Deute- ronomio 33:25. “Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona”. 2 Corintios 12:9. Si somos llamados a entrar en el horno de fuego por amor de Jesús, él estará a nuestro lado, así como estuvo con los tres fieles en Babilonia. Los que aman a su Redentor se regocijarán por toda oportunidad de compartir con él la humillación y el oprobio. El amor que sienten hacia su Señor dulcifica el sufrimiento por su causa.—El Discurso Maestro de Jesucristo, 31.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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