23 de julio | Devocional: Dios nos cuida | Daniel, embajador de Dios

Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. Daniel 6:4.

Siendo Daniel primer ministro del mayor de los reinos terrenales, fue al mismo tiempo profeta de Dios y recibió la luz de la inspiración celestial. Aunque era hombre de iguales pasiones que las nuestras, la pluma inspirada lo describe como sin defecto. Cuando las transacciones de sus negocios fueron sometidas al escrutinio más severo de sus enemigos, se comprobó que eran intachables.

Fue un ejemplo de lo que todo hombre de negocios puede llegar a ser cuando su corazón está convertido y consagrado, y cuando sus motivos son correctos a la vista de Dios…

Inquebrantable en su fidelidad a Dios, inconmovible en su dominio del yo, Daniel fue tenido, por su noble dignidad y su integridad inquebrantable, mientras era todavía joven, “en gracia y en buena voluntad” por el oficial pagano encargado de su caso…

Se elevó aceleradamente al puesto de primer ministro del reino de Babilonia. Durante el reinado de varios monarcas sucesivos, mientras caía la nación y se establecía otro imperio mundial, su sabiduría y sus dotes de estadista fueron tales, y tan perfecto su tacto, su cortesía y la genuina bondad de su corazón, así como su fidelidad a los buenos principios, que aun sus enemigos se vieron obligados a confesar que “no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel”.

Mientras los hombres lo honraban confiándole las responsabilidades del Estado y los secretos de reinos que  honrado por Dios como su embajador, y le fueron dadas muchas revelaciones de los misterios referentes a los siglos venideros. Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete al doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que en “el tiempo del fin”—en el período final de la historia de este mundo—se le permitiría ocupar otra vez su lugar…

Podremos, como Daniel y sus compañeros, vivir por lo que es verdadero, noble y perdurable. Y al aprender en esta vida a reconocer los principios del reino de nuestro Señor y Salvador… podremos estar preparados en ocasión de su venida para entrar con él a poseerlo.

*Año bíblico: Isaías 1-4.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA

Elena G. de White

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