23 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Los ángeles están a nuestro servicio

«Todos los ángeles son espíritus al servicio de Dios, enviados en ayuda de quienes han de recibir en herencia la salvación». Hebreos 1: 14, DHH

LOS ÁNGELES QUE SIEMPRE contemplan el rostro del Padre en los cielos preferirían permanecer junto a Dios; pero él le da a cada uno de ellos una misión en favor de este mundo caído: ofrecer a los seres humanos apoyo celestial. Tenemos pues la oportunidad de cooperar con las inteligencias celestiales, de ser «colaboradores al servicio de Dios» (1 Cor. 3: 9, NV1), ya que se nos presenta la oportunidad de obtener la idoneidad para llegar a estar en la presencia de Dios y un día ver su rostro. Los ángeles celestiales están haciendo todo lo posible para llevar a la familia humana a una más estrecha confratemización, a una unidad que Cristo describió como semejante a la que existe entre el Padre y él (Juan 17:11,21,22). ¿Cómo es posible que los seres humanos, que hemos sido tan altamente honrados por Dios, dejemos de apreciar nuestras oportunidades y privilegios? ¿Cómo es posible que tantos rehúsen aceptar el ofrecimiento de apoyo divino? ¡Qué tremendas posibilidades de logros hay para los seres humanos si mantienen la mirada puesta en la eternidad!

Los poderes satánicos están siempre luchando por el dominio de las mentes humanas. Pero los ángeles del Señor actúan constantemente para que se «fortalezcan las manos débiles» y se «afinnen las rodillas temblorosas» (Isa. 35:3, NVI). de todos los que invocan al Señor en demanda de ayuda. La promesa que se hace a cada hijo de Dios es: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mat. 7: 7). El Señor está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que se lo piden de lo que los padres están a dar buenas dádivas a sus hijos (ver Luc. 11: 13). Así que pidan creyendo en lo que Dios ha dicho. Él ciertamente cumplirá su palabra. Digan desde lo más profundo del corazón: «Aunque mi cuerpo y mi corazón desfallecen, tú, Dios mío, eres la roca de mi corazón, ¡eres la herencia que para siempre me ha tocado!» (Sal. 73:26, RVC). La victoria debe obtenerse todos los días. Como seguidores de Cristo debemos colocamos en posición ventajosa delante del mundo, como representantes de él. Ocupémonos en la lucha cristiana, venciendo decididamente cada debilidad de carácter. […]

El Señor ha tenido hombres y mujeres de corazón íntegro a los que llama «mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio» (Sal. 50: 5, RVA). Son los que no se apartaron de su integridad, que se mantuvieron sin mancha en el mundo. Son los que fueron guiados por la luz de vida para desbaratar los planes del astuto enemigo. ¿Vamos a estar ahora todos dispuestos a cumplir con nuestra parte en la resistencia contra el diablo? Si así lo hacemos, ciertamente él huirá de nosotros. Hay ángeles que están esperando que cooperemos con ellos, y que harán por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. […] Si realmente sentimos el deseo de resistir al diablo y oramos sinceramente «líbranos del maligno» (Mat. 6: 13, DHH), recibiremos fortaleza para cada día. La misión de los ángeles celestiales es la de apoyar a los que están pasando por pruebas, a los que sufren, a los tentados.— Manuscrito 14,23 de febrero de 1899, «A cada cual su tarea».

 

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ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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