23 de enero | Devocional: Alza tus ojos |  Seguridad total, permanente e infalible

«Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que instruyen a muchos en la justicia serán como las estrellas por toda la eternidad». Daniel 12: 3, RVC

MUCHOS, MUCHÍSIMOS, SE VERÁN terriblemente sorprendidos cuando el Señor inesperadamente «vendrá como ladrón en la noche» (2 Ped. 3: 10). Velemos y oremos, no sea que venga de repente y nos encuentre durmiendo. Mi alma se conmueve profundamente cuando considero cuánto tenemos que hacer por las almas que perecen. La predicción de Daniel —«Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia aumentará» (Dan. 12: 4)— se cumplirá cuando hayamos proclamado el mensaje de amonestación; muchos verán la luz al considerar «la muy confiable palabra profética» (2 Ped. 1:19, RVC). […]

La salvación de las almas debiera ser nuestra prioridad. Me entristece profundamente ver a tantos y tantos regocijándose en la prosperidad temporal; pues quienes poseen tesoros terrenales raramente buscan con fervor asegurarse los celestiales. Están en peligro de caer en tentación y ser entrampados, y caer en muchas codicias necias y dañinas que son destructivas para todo el mundo. A los que buscan los tesoros celestiales se les presenta una perspectiva más gozosa y animadora. […]

Necesitamos desarrollar una firme confianza en un «Así dice el Señor». Cuando la tengamos no confiaremos en los sentimientos ni seremos gobernados por ellos. Dios nos pide que descansemos en su amor. Es nuestro privilegio conocer la Palabra de Dios como guía confiable y probada, una seguridad infalible. En esto pongámonos del lado de la fe. Creamos, confiemos y expresémonos en términos de fe, de esperanza y valor. Que la alabanza de Dios esté en nuestros corazones y en nuestros labios más a menudo. «El que ofrece sacrificios de alabanza me honrará» (Sal. 50:23). Mantengan sus pensamientos centrados en Dios y conozcan el amor de Cristo tal como la Palabra de Dios lo revela. Esta Palabra es vida. Hablen de Cristo e inviten a otros a contemplarlo como su Redentor.

Es nuestro privilegio descansar en una viva y activa fe en Cristo como dador de la vida; de modo que «sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santas, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios» (Efe. 3: 18-19, RVC). Contemplándolo como nuestro Salvador apreciaremos el valor de su gracia salvadora. Hemos de meditar en Jesús más de lo que lo hacemos, y permitir que su alabanza esté en nuestros corazones, hablando del amor que por nosotros se ha manifestado tan abundantemente. Ciertamente tenemos infinidad de motivos para dar gracias a Dios con el corazón, la mente, el espíritu y con todo nuestro ser, diciendo: Alabaré al Señor por el gran amor con el cual me ha amado. […]

Ensalcemos al Cristo del Calvario, enalteciéndolo de tal forma que el mundo pueda contemplarlo. Hablemos de su bondad, cantemos de su amor y tributémosle nuestra gratitud de toco corazón.— Carta 12, 23 de enero de 1897, dirigida al «Hermano y la hermana Nicola».

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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