23 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Heredaremos el reino

«Todos los habitantes del mundo serán reunidos en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos, poniendo las ovejas a un lado y los machos cabrios al otro. Luego el rey dirá a los unos: ‘‘Vengan, benditos de mi Padre; reciban en propiedad el reino que se les ha preparado desde el principio del mundo». Mateo 25: 34, LPH

EN EL DÍA DEL JUICIO FINAL, Cristo no presentará ante los seres humanos la gran obra que él hizo por ellos al dar su vida por su redención. Les presenta el trabajo fiel que ellos hicieron para él. ¡Qué sorprendente amor es este! Hasta incluye y menciona la obra de los paganos, que no tienen un conocimiento claro de la ley del Señor, pero que han hecho justamente lo que aquella requería, porque habían hecho caso a la voz que les hablaba en la naturaleza. Cuando el Espíritu Santo implanta el espíritu de Cristo en el corazón del pagano, y este manifiesta amistad hacia los siervos de Dios, experimenta un despertar de la compasión en el corazón, opuesto a su naturaleza, contrario a su educación. La gracia de Dios, al obrar sobre la mente oscurecida, ha suavizado la naturaleza salvaje no modificada por un suficiente conocimiento. […] Cristo implanta su gracia en el corazón del pagano y este atiende a las necesidades del misionero, aun antes de que haya oído o comprendido las palabras de verdad y vida. ¡Contemplemos ese gentío reunido alrededor del siervo de Dios para herirlo! Pero el Señor está influyendo quizás sobre el corazón y la mente de alguien para que ruegue en favor de su siervo; y cuando el consejo de guerra ha decidido que se quite la vida del cristiano, la intercesión de ese pagano modifica la decisión y se le perdona la vida.
¡Oh, el amor que recibe el pagano gracias a este único acto! A estas personas Cristo dirá en el juicio: «Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron» (Mat. 25: 35, 36, NVI).— Review and Herald, 20 de septiembre de 1898.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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