23 de abril 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | Ganar y ganar

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar al mayor número” (1 Corintios 9:19).

En tan solo siete versículos, Pablo repite seis veces que él quiere ganar el máximo número para el reino de Dios. Por eso se ha “esclavizado” buscando la salvación de todos. Su salario y su recompensa son las almas. Él buscaba salvar la mayor cantidad, porque en el fondo quería que todo el mundo se salvara. Sin poner en riesgo los principios ni la doctrina bíblica, él se adaptaba, a las costumbres, a la cultura, a la filosofía… Su único propósito al adaptarse era conducir a otros al Salvador.
Por eso trabajaba por los judíos que se creían salvos por la ley y por los paganos que estaban sin ley (Rom. 2:11-13). Trabajaba por los débiles y por los poderosos, por los por los abatidos y por los ilusos, por los intelectuales y por los iletrados, por los ricos y por los pobres… No despertaba prejuicios, no escandalizaba ni andaba provocando, ‘para de alguna manera poder salvar a algunos” (1 Cor 9:22, DHH).
Todo el mundo quiere ganar: el que practica un deporte, el que hace negocios; el que compra, el que vende, el que estudia, el que enseña; el que deposita un dinero, el banco que lo recibe; el que vende salud, el que vende seguros de salud… Todos quieren ganar, y mientras sea licito, ¡perfecto! Ahora bien, cuando hablamos de “ganar almas” y cuando decimos que hay que ganar la mayor cantidad, algunos en la iglesia se ponen nerviosos, pero fíjate en lo que decía el gran evangelista Charles Spurgeon:
“Cada cristiano es un misionero o un impostor”.
“La iglesia de Cristo en la tierra se organizó con propósitos misioneros, y el Señor desea verla en su totalidad concibiendo maneras y medios para llevar el mensaje de verdad a los encumbrados y a los humildes, a los ricos y los pobres” (Testimonios para la iglesia, t 6, p. 37).
En diciembre de 2019 conocí en Cayambe, Ecuador, a Amparo Freire, misionera voluntaria que, además de atender sus responsabilidades familiares y laborales, llevó al bautismo a cuarenta personas en menos de un año. Visita a las personas en sus hogares, Las ayuda, les da estudios bíblicos y las lleva a Jesús, a la iglesia, al bautismo y al discipulado misionero. ¡Qué maravilla!
Nuestro Salvador trabajó con esfuerzo incansable para buscar y salvar. Ningún sacrificio lo detuvo.
“Sus colaboradores deben esforzarse como él se esforzó, sin vacilar en la búsqueda de los caídos, sin considerar ningún esfuerzo como demasiado penoso ni excesivo ningún sacrificio, con tal que puedan ganar almas para Cristo” (Consejos para los maestros, p. 481).
Señor, cuenta conmigo ¡ahora!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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