23 de abril 2019 | Devoción Matutina para Adultos | ¿Cuál es tu actitud?

“Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mateo 27:39, 40).

Una gravísima epidemia de gripe se esparce rápidamente por el mundo y deja como resultado millones de muertos. Los científicos continúan trabajando para descubrir un antídoto, pero nada funciona. De repente, llega la noticia esperada: lograron descifrar el código ADN del virus. Es posible fabricar la vacuna. Para eso, es necesario conseguir sangre de alguien que no haya sido infectado con el virus.

En respuesta a una convocatoria mundial, tu familia y tú se dirigen al hospital para hacerse los análisis. De repente, llaman a tu hijo. Los médicos dicen que la sangre del niño es pura y que es el único en esa condición.

Después de algunos minutos, un médico se acerca a ti y te dice: “Necesitamos que firmes una autorización para usar la sangre de tu hijo”. Cuando comienzas a leer la autorización, te das cuenta de que la nota no menciona la cantidad de sangre que necesitarán. Y, cuando preguntas, desaparece la sonrisa en el rostro del médico y te responde: “No pensábamos que fuera un niño. Necesitamos toda la sangre de tu hijo”. Tú intentas cuestionarlo, pero el médico insiste: “¿Acaso no entiendes? Estamos hablando de la cura para el mundo entero. ¡Firma, por favor! Necesitamos toda la sangre del niño”.

En silencio, y sin sentir el bolígrafo en la mano, tú firmas el documento. Enseguida alguien te pregunta: “¿Quieres ver a tu hijo?” Entonces caminas en dirección a la sala de emergencias, donde tu hijo está sentado en la cama. Te mira y pregunta: “¡Papá! ¡Mamá! ¿Qué está sucediendo?” Luego el médico regresa y dice: “Lo lamento, pero debemos comenzar. Hay personas en todo el mundo que están muriendo. ¡Salgan, por favor! Deja a tu hijo aquí”. En ese momento, el niño grita: “¡Mamá! ¡Papá! ¿Por qué me están abandonando?”

La semana siguiente, se realiza una ceremonia para homenajear a tu hijo. Muchas personas se quedan a dormir en sus casas, otras no asisten al evento porque prefieren pasear o ver algún partido en la televisión. Otros asisten, pero tienen una sonrisa falsa, como alguien a quien no le importa nada. Tú deseas ponerte de pie y gritar: “¡Mi hijo murió por ustedes! ¿No les importa eso?” (Autor desconocido, texto adaptado.)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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