22 de septiembre | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Una distinción en el vestir

Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, o perlas, o vestidos costosos. Sino de buenas obras, como conviene a mujeres que profesan piedad. 1 Timoteo 2:9, 10.

Los hijos de Israel … recibieron la orden de poner en el borde de sus vestidos una sencilla cinta azul, para distinguirse de los pueblos que los rodeaban, y para significar que ellos eran un pueblo peculiar véase Números 15:39, 40. No se requiere que el pueblo de Dios en la actualidad ponga una marca especial sobre sus vestidos, pero a menudo en el Nuevo Testamento se refiere al Israel antiguo como ejemplo. Si Dios dió instrucciones tan definidas a su pueblo de la antigüedad respecto de sus vestidos, ¿no se fijará él en los vestidos de su pueblo de la actualidad? ¿No deberían distinguirse sus vestidos de los vestidos del mundo? ¿No debiera el pueblo de Dios, el cual es su peculiar tesoro, procurar glorificar a Dios, aun en sus vestidos? ¿Y no debieran ellos ser ejemplos en la manera de vestir, y mediante su estilo sencillo reprochar el orgullo, la vanidad y la extravagancia de los mundanos profesos y amantes de los placeres? Dios requiere esto de su pueblo.—La Historia de la Redención, febrero de 1872.
Debemos saber más acerca de Jesús y de su amor, y no de las modas del mundo. En nombre de mi Maestro, pido a los jóvenes que estudien el ejemplo de Cristo. Cuando queréis hacer una cosa, estudiáis cuidadosamente el modelo, para poder reproducirlo lo más exactamente posible. Poneos ahora a la obra de copiar el ejemplo divino. … No podéis ser como Jesús y abrigar el orgullo en vuestro corazón. …
De cuán poco valor son el oro y las perlas y los arreglos costosos, en comparación con la humildad y la hermosura de Cristo. La hermosura natural consiste en la simetría, o en la proporción armoniosa de las partes, de las unas con las otras; pero la hermosura espiritual consiste en la armonía o semejanza de nuestras almas con Jesús. Esto hará a su poseedor más precioso que el oro fino, aun que el oro de Ofir. La gracia de Cristo es en realidad un adorno inapreciable. Eleva y ennoblece a su poseedor, y refleja rayos de gloria sobre los demás, atrayéndolos a la Fuente de la luz y la bendición.—The Review and Herald, 6 de diciembre de 1881.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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