22 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Alimento para las tiernas almas

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Deuteronomio 6:6,7.

“Nuestro Padre celestial, al dar su Palabra, no olvidó a los niños. ¿Puede hallarse entre los escritos de los hombres algo que tenga tanta influencia sobre el corazón, algo tan adecuado para despertar el interés de los pequeñuelos, como los relatos de la Biblia?
“Mediante esas sencillas historias se pueden explicar los principios de la ley de Dios.”—La Educación, 180.
“Muchos son los beneficios que derivan del alimentarse de su Palabra…. Las flaquezas de la infancia—inquietud, caprichos, egoísmo, palabras apresuradas, actos apasionados,—desaparecen y en su lugar, se desarrollan las gracias de la virilidad y la femineidad cristianas.”—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 160.
“Necesitamos reconocer al Espíritu Santo como nuestro iluminador. Este Espíritu se deleita en dirigirse a los niños, y en descubrirles los tesoros y las bellezas de la Palabra. Las promesas hechas por el gran Maestro cautivarán los sentidos y animarán al alma del niño con un poder espiritual divino. Crecerá en la mente receptiva una familiaridad con las cosas divinas, que será una barricada contra las tentaciones del enemigo.”—Ibid. 132.
“Padres, apartad un poco de tiempo cada día para estudiar la lección de la escuela sabática con vuestros hijos…. Los padres, tanto como los hijos, recibirán beneficio de este estudio.”—Consejos sobre la Obra de la Escuela Sabática, 45.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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