22 de septiembre | Devocional: Alza tus ojos | Manténganse firmes en Dios

Y vé… a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar. Ezequiel 3:11.

Una y otra vez se me recuerda que no debo tratar de disipar la confusión y contradicción de fe, de sentimientos e incredulidad que se presenta. No debo deprimirme, sino debo pronunciar las palabras del Señor con autoridad y luego dejar las consecuencias en sus manos. El Gran Médico me instruye para que hable su palabra, sea que los hombres la escuchen o no. Se me dijo que no tengo nada que ver con las consecuencias, que Dios, el Señor Jehová, me guardará en perfecta paz si me apoyo en su amor y realizó la obra que El me ha asignado…

El Señor desea que pongamos nuestra confianza en El. Estoy velando constantemente, pues no sé cuán pronto se me ha de llamar a abandonar mi armadura. Deseo que cada palabra mía, impulso o acción sean tales que en el juicio no tenga que avergonzarme de ellas. Me doy cuenta de algo acerca del tiempo en que estamos viviendo. Nuestro período de disciplina en esta tierra, el vuestro y el mío, es muy corto… No tengo tiempo para dedicar a las contiendas y el Señor me ha dicho que no debo tener ninguna con alma alguna, sino que he de seguir adelante, creyendo, confiando, trabajando…

Nunca he comprendido más plenamente que ahora la ayuda del Señor en lo que hablo y escribo. Me mantendré en el campo de batalla hasta que El me libere. Temo por nuestro pueblo; que el amor al mundo le robe santidad y piedad. Estoy tratando de despertarlos para que vean el peligro de ser atraídos con el señuelo del enemigo hacia un terreno encantado. Estoy tratando de mostrarles la necesidad de cultivar la fe y el amor en todo momento y bajo cualquier circunstancia.

Sólo por medio de una fe poderosa puede mantenerse vivo en el corazón un amor entrañable por el Salvador. Nuestra fe en Cristo debe ser pura, sólida y genuina. Existe una fe espuria que sólo conduce a confiar en el yo y a criticar a los demás. Esa fe apaga toda chispa de amor cristiano en el alma.

Dios llama a su pueblo a estar unido. Pero nuestra unión puede ser legítima sólo en tanto avancemos hacia arriba, en dirección a la cruz del Calvario, crucificando cada día el yo. Todo esfuerzo de unión que no esté basado en el amor de Cristo que apacigua y subyuga el corazón, será indudablemente vano.

Hay poder en la religión verdadera. Por medio de la fe, de la conformidad a la voluntad de Dios, llegaremos a ser tan semejantes a Cristo que los hombres verán que somos partícipes de la naturaleza divina y que estamos realizando un continuo progreso en el conocimiento del Maestro.—Carta 146, del 22 de septiembre de 1902, dirigida al hermano S. T. Belden, su sobrino, y Sra., obreros de sostén propio.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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