22 de noviembre 2020 | Devoción Matutina para Damas 2020 | La gloria de Dios

 

UN DÍA A LA VEZ

Lecturas Devocionales para Mujeres 2020

 

“A ti, Señor, clamo; a ti, Señor, suplico” (Sal. 30:8).

 

A principios del año 2014, me uní a un grupo de madres para orar por nuestros hijos. Preocupadas como estábamos por nuestros pequeños, que viven en un mundo difícil, rodeados de influencias negativas en la escuela, en las redes sociales y la televisión, en la música y la cultura, decidimos orar y ayunar por ellos. Éramos diez mamas que cada lunes del año nos deteníamos a orar por nuestros hijos y pasábamos el día en ayunas. Algunas madres clamaban por hijos que se habían alejado de la iglesia o tenían graves problemas; otras orábamos para que Dios los ayudara a desarrollar un carácter cristiano. No puedo negar que vimos la manifestación de Dios.

Yo me asombré con los testimonios de mamás que vieron regresar a la iglesia a sus hijos; otras que reconocieron los graves errores que ellas mismas habían cometido y se comprometieron a cambiar con la ayuda de Dios… Impresionante. Mientras escuchaba los relatos del poder de La oración, me preguntaba de qué manera mis ayunos y oraciones habrían impactado el corazón de mis hijos de seis y ocho años. Francamente, yo no lo veía.

Un día, pensando precisamente en eso, me topé con esta cita: “Mediante oraciones sinceras y fervientes, los padres deberían construir una barrera defensiva alrededor de sus hijos. Deberían orar con fe intensa para que Dios habite en ellos y que los santos ángeles les preserven de la potencia cruel de Satanás” (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 44). También encontré esta cita en El hogar cristiano: “Sin el esfuerzo humano, resulta vano el esfuerzo divino” (p. 174). Querida amiga, Dios quiere hacer grandes cosas por tus hijos; verás la manifestación de Dios tal y como la vi yo aquella tarde de diciembre de 2014, ya casi concluyendo el año. Cuando creía que no había sucedido nada significativo en la vida de mis pequeños durante ese año, descubrí que me equivocaba.

Fue después del culto familiar. Mi hija me hizo unas confesiones escalofriantes de conductas que ella desechaba, arrepentida, en profundo llanto: “Mami, tengo tres graves pecados —me decía-… ¡Qué naturaleza tan fea tengo! Mami, quiero cambiar”. Mi hijo expresó también sus defectos. Los tres llorábamos: ellos, de arrepentimiento; yo, de gozo.

Hoy continúo ayunando cada lunes por mis hijos, además de orando día tras día, por eso sigo viendo las maravillas de Dios. ¿No te gustaría a ti hacer lo mismo?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020



COMPARTIR
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*