22 de junio | Devocional: Alza tus ojos | Permitan que Dios obre en ustedes

Y el Dios de paz…os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Hebreos 13:20,21.

Estudiando la Palabra de Dios y practicando sus preceptos en todas sus transacciones comerciales, los hombres pueden discernir claramente el espíritu que controla las acciones. En lugar de seguir los impulsos humanos y la inclinación natural, pueden aprender, mediante un estudio diligente, los principios que debieran controlar a los hijos e hijas de Adán.

La Biblia es el Libro Guía que debe resolver los muchos problemas difíciles que aparecen en las mentes dominadas por el egoísmo. Es un reflejo de la sabiduría de Dios, y no solamente proporciona principios grandes e importantes, sino que también provee lecciones prácticas para la vida y la conducta del hombre en su relación con su prójimo. Da detalles precisos que determinan nuestra realación con Dios y del uno para con el otro. Es una revelación completa de los atributos y de la voluntad de Dios en la persona de Jesucristo, y en ella se especifica la obligación del instrumento humano de rendir a Dios un servicio de todo corazón, y de preguntarse a cada paso: “¿Es éste el camino del Señor?”…

La voluntad de todo ser humano debiera estar bajo la disciplina y el control de Dios, porque es un elemento peligroso si se ejercita en proyectos egoístas… Una perversidad engañosa se discierne en las mentes de aquellos cuyos ojos no están ungidos con el colirio celestial a fin de que puedan ver todas las cosas a la luz de la Palabra de Dios. La voluntad se esclaviza, y tiende a proseguir en una conducta que la Palabra de Dios no justifica. La voluntad no debe colocarse bajo el control de ningún hombre; al hacerlo, ésta se torna engañosa…

La voluntad de Dios expresada en su Palabra debe ser introducida hasta lo más recóndito del alma. Si así lo queremos, Dios identificará su voluntad con todos nuestros pensamientos y propósitos, armonizando de tal manera nuestros corazones y mentes con su Palabra, que cuando obedezcamos su voluntad estaremos tan sólo ejecutando nuestros propios impulsos. Los tales no poseerán una disposición no santificada y egoísta, lista para llevar a cabo sus propios deseos, sino que manifestarán un celo ferviente y decidido por la gloria de Dios. No querrán hacer nada con sus propias fuerzas, y se guardarán estrictamente contra el peligro de promover el yo.

Todos los que quieran perfeccionar el carácter cristiano deberán llevar el yugo de Cristo. Si han de sentarse en los lugares celestiales con Cristo Jesús, deben aprender de El mientras estén sobre esta tierra. Nuestra naturaleza necesita disciplina. Debe conformarse a la naturaleza de Jesús, a fin de que El pueda cumplir el bien que quiere hacer por todos aquellos que se someten para ser modelados, mediante la entrega de su naturaleza a su autoridad. El gran Maestro se unirá en yugo con toda alma que esté dispuesta a llevar el yugo de El.—Carta 22, del 22 de junio de 1896, dirigida a un administrador de la iglesia de Australia.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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