22 de junio 2022 | Devoción Matutina para Adolescentes 2022 | La desaparición de Henry Hudson

No quisieron oír, ni se acordaron de las maravillas que con ellos hiciste; antes endurecieron su cerviz y, en su rebelión, pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre» (Nehemías 9:17, RV95).

¿Alguna vez te has sentido rebelde y lo suficientemente enojado como para hacer algo drástico? Si es así, no estás solo. Muchas personas se sienten así cuando tienen dificultades para llevarse bien con los demás, especialmente en medio de una situación tensa. Eso es lo que le ocurrió a Henry Hudson.
Era el año 1611 y Henry Hudson estaba en un viaje en representación de Inglaterra para tratar de encontrar una ruta comercial hacia Asia navegando hacia el norte alrededor de Canadá. Hudson fue uno de los primeros exploradores modernos en adentrarse en esas aguas inexploradas, por lo que no tenía mapas fiables para guiarse. Además, no tenía ni idea de lo riguroso del clima. Después de tres meses de exploración a lo largo de las costas del norte de Canadá, su barco se encontró demasiado lejos de mar abierto cuando llegó el invierno, y la tripulación se vio obligada a arrastrar el barco a tierra y establecer un campamento de invierno. Tenían muy poca comida, y sufrieron miserablemente en aquel terrible frío. Muchos de los hombres lo culpaban de su situación. Cuando llegó el verano y Hudson quiso continuar sus exploraciones, su tripulación se amotinó contra él. El 22 de junio de 1611 lo dejaron a la deriva, con su hijo y siete colaboradores, en un pequeño bote abierto.
La tripulación regresó más tarde a Inglaterra y fue arrestada por haberse amotinado. Desgraciadamente, Henry, su hijo y los demás que los acompañaron, sufrieron un destino peor. Nunca se los volvió a ver, y la mayoría de los exploradores abandonaron la idea de encontrar un paso por el noroeste. ¿Salió algo bueno de esta historia? Los descubrimientos de Hudson permitieron a Inglaterra reclamar la rica región de la Bahía de Hudson, lo que supuso un punto de apoyo en el Nuevo Mundo. Hoy, se le debe en parte la herencia inglesa en Norteamérica al valiente Henry Hudson.
Al igual que la tripulación de Hudson, el antiguo Israel se cansó de vagar por el desierto. No recordaban todos los milagros que Dios había hecho por ellos: la liberación milagrosa de las diez plagas en Egipto, la asombrosa separación de las aguas del mar Rojo, el maná y el agua de la roca. Pero Dios no los dejó a la deriva para que se valieran por sí mismos. Se quedó con ellos, los cuidó y los condujo hasta la Tierra Prometida.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2022



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