22 de julio | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | El pan que satisface

Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. … Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. Juan 6:51, 55.

Las palabras: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”, se refieren no solamente al pan temporal, sino al alimento espiritual que proporciona vida eterna al que lo recibe. Cuando creemos y recibimos la palabra de Cristo comemos de su carne y bebemos de su sangre. …
Así como el organismo físico se fortalece comiendo el alimento temporal, también la naturaleza espiritual se fortalece comiendo de la carne y bebiendo de la sangre del Hijo de Dios. La Palabra de Dios es espíritu y vida para aquel que se apropia de ella. Quien participa de la carne y de la sangre de Cristo es un participante de la naturaleza divina. … Una corriente vivificadora fluye desde el Salvador hacia él.—Manuscrito 48, 1895, pp. 1-3.
Nadie puede comer esta carne y beber esta sangre en lugar de otro. Cada cual debe acudir a Cristo con la propia hambre del alma, y cada cual debe tener sus propias convicciones, sentir la necesidad de su propia alma, y aprender de Cristo por sí mismo.—Manuscrito 29, 1896, pp. 4.
Llenos con el Pan de Vida, no podemos sentir hambre por las atracciones terrenales, por las excitaciones mundanales y la grandeza terrena. Nuestra experiencia religiosa será del mismo orden que el alimento con el cual nos alimentamos.—Manuscrito 50, 1895, pp. 2.
El alimento que comemos en una comida no nos satisface para siempre. Diariamente debemos tener algo de alimento. Así también diariamente debemos comer de la Palabra de Dios para que la vida del alma pueda renovarse. En aquellos que se alimentan constantemente de la Palabra, Cristo se forma como la esperanza de gloria. Un descuido en la lectura y el estudio de la Biblia produce hambre espiritual. …
Cristo es nuestra vida. El alma en quien él mora cumplirá los requerimientos de sus principios mediante una completa devoción y consagración a Dios. El contacto personal de Cristo con el alma la edifica, y suple sus constantes necesidades. El es hecho para nosotros sabiduría y justicia y santificación y redención. El es nuestra suficiencia. …
El es la sangre de vida en el alma. Si él mora con nosotros, podemos decir: “Vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20.—Manuscrito 60, 1901.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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