22 de febrero | Devocional: Mi vida Hoy | La promesa de poder

Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de éstos. (Hechos 1:5)

No es debido a que Dios imponga alguna restricción por lo que las riquezas de su gracia no afluyen hacia los hombres. Su don es divino. El ha dado con una liberalidad que los hombres no pueden apreciar, porque no tienen deseos de recibir. Si estamos dispuestos a recibir, todos seremos llenos del Espíritu Santo… Nos satisface demasiado fácilmente el rizamiento de la superficie de las aguas, cuando podríamos esperar la profunda agitación del Espíritu de Dios. (RH, 10-06-1902)

Cuando recibamos ese don, todos los demás serán nuestros porque debemos poseer este don de acuerdo con la plenitud de las riquezas de la gracia de Cristo. Y él está dispuesto a abastecer a cada alma según la capacidad que tenga de recibir. Por consiguiente, no nos satisfagamos con una pequeña parte de esta bendición, solamente con la porción que impedirá que caigamos en el letargo de la muerte. En cambio, busquemos con diligencia la abundancia de la gracia de Dios. (RH, 29-03-1892)

Se nos ha hecho una promesa tras otra, asegurándonos que recibiríamos la plenitud del poder de Dios. Pero tan débil es nuestra fe que no nos aferramos a ese poder. ¡Ah, cuánto necesitamos una fe ardiente y viva en las verdades de la Palabra de Dios! Me preocupa constantemente esta gran necesidad del pueblo de Dios… ¿Qué se puede hacer para inducirlos a comprender que estamos viviendo en las últimas horas de la historia terrenal? … Debemos afanarnos por conseguir una fe que se asga del brazo de Jehová. (RH, 01-04-1909)

Únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, que velan para tener su dirección y gracia, se da el Espíritu. El poder de Dios aguarda que ellos lo pidan y lo reciban. Esta bendición prometida, reclamada por la fe, trae todas las demás bendiciones en su estela. Se da según las riquezas de la gracia de Cristo, y él está listo para proporcionarla a toda alma según su capacidad para recibirla. (DTG:199) (59)

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DEVOCIONAL

MI VIDA HOY

Reflexiones para cada día

Elena G. de White

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