22 de enero | Devocional: Alza tus ojos |  Hijos e hijas de Dios, coherederos con Cristo

«Así que como somos sus hijos, también somos sus herederos. De hecho, somos herederos junto con Cristo de la gloria de Dios; pero si vamos a participar de su gloria, también debemos participar de su sufrimiento. Sin embargo, lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante». Romanos 8: 17-18, NTV

La influencia de la gracia ha de suavizar el corazón, y ha de pulir y refinar los sentimientos; lo cual nos otorgará una delicadeza y una pureza de origen celestial. Un cristiano no puede exaltarse a sí mismo, porque no es propio de la semejanza con Cristo. El Redentor del mundo, nuestro sustituto y garante como pecadores, nos dice: «Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar» (Mat. 11: 28, TLA).

Tengamos siempre presente que el bondadoso y humilde Jesús tuvo el espíritu y la determinación de un conquistador. Los vastos dominios sobre los cuales los poderosos de esta tierra se enseñorean no constituyen un escenario adecuado para la revelación de su gracia, la expresión de su amor y la manifestación de su gloria. Quien ama al Señor Jesucristo en verdad y con sinceridad, amará a aquellos por los cuales Cristo murió para salvarlos, y a la vez aprovechará toda oportunidad de servir a Cristo en la persona de sus discípulos.

Debemos consideramos hijos e hijas de Dios, obreros juntamente con Jesucristo, que vivimos con un propósito noble. Somos representantes de Cristo en carácter y debemos servirle con afectos indivisos. No solamente revelaremos que amamos a Dios, sino que, en armonía con su carácter santo, viviremos vidas puras y perfectas. Debemos vivir la perfección puesto que al contemplar a Jesús vemos en él la encamación de lo perfecto; y el gran centro, hacia el cual converge nuestra esperanza de vida y felicidad eterna, nos conducirá a la unidad y a la armonía. […]

La vida que ahora vivimos debemos vivirla por la fe en Jesucristo. Si somos seguidores de Cristo nuestras vidas no consistirán en fragmentarias y superficiales acciones esporádicas según sean las circunstancias o la situación; acciones intermitentes, que revelan que los sentimientos son el amo, siendo indulgentes con nosotros mismos cuando hemos dado suelta a pequeñas irritaciones, una envidiosa búsqueda de faltas, celos y vanidad egoísta. Todo eso nos hace estar en discrepancia con la armoniosa vida de Jesucristo, y no llegaremos a ser vencedores si retenemos esos defectos. […]

Cuando se vea expuesto a los diversos avatares de la vida, y le hayan dirigido palabras calculadas para zaherir y lastimarlo a usted en lo más íntimo de su ser, dígase a sí mismo: «Soy un hijo de Dios, un heredero con Cristo, un colaborador de Dios; así que no he de tener, una mentalidad al uso que se ofende fácilmente, no he de pensar siempre únicamente en mí, porque esto producirá un carácter falto de armonía. Es indigno de mi noble vocación. Mi Padre celestial me ha encomendado una obra, por lo tanto seré digno de su confianza».— Carta 78, 22 de enero de 1893, dirigida al pastor Ellet J. Waggoner.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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